El thriller dirigido por Scott Waugh combina persecuciones, humor y una historia de redención que encuentra en sus protagonistas su mayor fortaleza. Aunque tiene algunos problemas para equilibrar sus distintos tonos, ofrece una aventura de acción entretenida.
Hay películas que no necesitan reinventar un género para entretener. “Entrega al límite” (Runner) recupera la fórmula clásica del cine de acción: una misión contrarreloj, sicarios dispuestos a todo y dos protagonistas de personalidades totalmente opuestas que deberán trabajar juntos. Con Alan Ritchson y Owen Wilson al frente, la película encuentra en la dupla el principal atractivo.
¿De qué va la cinta?
La historia sigue a Hank Malone (Ritchson), un exintegrante de los Navy SEAL que trabaja como una especie de mensajero en Australia mientras intenta reconstruir su vida tras una tragedia personal y un pasado marcado por el alcoholismo. Su día cambia drásticamente cuando recibe el encargo de transportar un hígado destinado a una niña que necesita un trasplante urgente. El problema es que deberá completar la entrega acompañado por Ben Bishop (Wilson), un mensajero especializado que no puede separarse del órgano y que resulta mucho más hablador que su nuevo compañero.
La misión se complica cuando una organización criminal intenta quedarse con el hígado, cuyo valor en el mercado ilegal es extraordinario por su compatibilidad con un grupo sanguíneo poco frecuente. Liderados por Damian Zaldívar (Rodrigo Santoro), los sicarios convierten el traslado en una persecución en la que realmente cada minuto cuenta.
La dupla es lo que sostiene la película
Ritchson, sin dudas, impone su presencia física y sus condiciones para el cine de acción, en un papel que rememora al mejor “Reacher”. Sin embargo, su Hank no es solamente un hombre capaz de derrotar a varios adversarios: también debe controlar sus impulsos, superar sus pérdidas y mantenerse alejado de la violencia (cómo dice al principio del film).
Wilson funciona como su contraposición. Con su habitual estilo descontracturado, digno de él, interpreta a un hombre que nunca deja de hablar y no está preparado para enfrentarse a un Cartel. Sus chisten alivianan la tensión y genera algunos intercambios divertidos con Hank, aunque la película podría haber aprovechado mejor la química entre ambos.
La relación entre Hank y Ben también permite introducir una idea que atraviesa la historia: la posibilidad de aprender de alguien completamente diferente. Mientras uno debe encontrar motivos para volver a involucrarse con los demás, el otro descubre que no todo se resuelve hablando. La dupla funciona, aunque no siempre alcanza el potencial que promete.
Acción efectiva, pero con algunos excesos
En las cámaras, Scott Waugh aprovecha su experiencia en el cine de acción como Proyecto extracción y Los Indestructibles 4, para construir persecuciones automovilísticas de alto vuelo y peleas que mantienen el ritmo. Las secuencias físicas son uno de los puntos fuertes de la película, especialmente cuando Ritchson despliega sus habilidades frente a adversarios que parecen no darle respiro. Huesos rotos, heridas de cuchillos, balas y sangre, hay por doquier.
Es justamente, la acumulación de violencia la que termina siendo excesiva por momentos y contrasta con el humor y el costado emotivo del relato. La película salta entre el thriller, la comedia de compañeros y el drama personal sin conseguir siempre que esas piezas se entrelazen en el desarrollo. Algunos personajes secundarios, incluido el villano interpretado por Santoro y Leila George que se pone en la piel de Kate Baker, podrían haber tenido un desarrollo más sólido.

La lucha de Hank por mantenerse sobrio y dejar atrás un pasado doloroso acompaña una misión en la que la vida de una niña depende de sus decisiones. Esa dimensión emocional le da un propósito al protagonista, aunque no todas las situaciones consiguen transmitir la misma fuerza.
Una propuesta entretenida
“Entrega al límite” no reinventa el cine de acción, pero sabe como hacer que sus protagonistas ofrezcan una aventura dinámica. Ritchson aporta contundencia y un costado vulnerable, mientras Wilson suma humor y ligereza a una historia que, sin él, correría el riesgo de tomarse demasiado en serio.
Con algunos problemas de tono y una violencia que a veces le resta impacto a sus propias escenas, la película encuentra sus mejores momentos en la relación entre sus protagonistas y en la búsqueda de redención de Hank. Una propuesta recomendable para quienes disfrutan de las películas de acción clásicas, con una dupla que demuestra que la fortaleza no siempre se mide por la cantidad de golpes que uno puede dar.
Post cinta, se puede comparar a la misma con Un espía y medio de Dwayne Johnson («La Roca») y Kevin Hart; o con varias de Jason Statham debido a las escenas de acción exageradas.
Calificación: 5.5/10.






































