El actor interpretó al detective Loach en las dos primeras temporadas de esta oscura comedia creada por Bill Hader y producida por HBO

Para todos los que hayan visto Saturday Night Live, hablar de Bill Hader son palabras mayores. Desde sus geniales imitaciones hasta ese personaje bizarro llamado Stefon, el actor nos dejó grandes recuerdos de su paso por el show de sketches de NBC.

Ahora, con su reciente proyecto, Barry, estrenado el año pasado y a punto de cerrar su segunda temporada, Hader nos trae a este peculiar hitman que descubre su vocación por el mundo actoral. Desde ese punto, se desatará esa incesante lucha interna por tratar de resolver ese conflicto entre ser una mejor persona y hacer lo que mejor le sale: matar.

Con el final de la segunda temporada estipulado para emitirse al finalizar Game of thrones este domingo, la ficción ya acordó realizar una tercera entrega. Uno de las revelaciones de este año fue la del detective Loach, interpretado por John Pirruccello, quien tomó la posta de la difunta Moss (Paula Newsome), y llevó adelante la investigación que decantó en uno de los episodios más extraños de la serie -por supuesto, nos evitaremos los spoilers por si todavía no lo viste.

Formado en el mundo de la comedia y la improvisación, Pirruccello aseguró que Barry le cambió la vida aún cuando después de su floja audición, consideró dejar la carrera actoral. “Trabajar con material así de bueno es raro, no es que nunca me haya pasado porque también estuve en el regreso de Twin Peaks, pero no es tan común”, afirmó.

—¿Qué significa para vos la serie como espectador y como actor?

—Es increíble, va a marcar un antes y un después, es diferente a todo lo que hemos visto hasta acá. Me siento identificado porque es el humor que me gusta, me encanta la tensión que tiene, las interacciones entre los personajes me atrapan. Me encanta. Y en términos de estar trabajando ahí, me cambió la vida.

—¿Qué te atrapó de esta mezcla entre policial y comedia negra?

—Es genial que lo llames policial porque tengo que pensarlo, no lo veo así, aunque tenés razón. Creo que es más como la lucha de esta persona que quiere ser buena, que descubre quién es y quiere hacer algo que lo apasiona pero no le sale, y es muy bueno haciendo esta otra cosa que no quiere hacer pero lo sigue llamando. Esa lucha es para mí el eje de la serie. Todos los personajes son muy centrados, son terribles, y tienen esas luchas internas. Eso es lo genial.

—En la primera temporada, todos los personajes son como una caricatura de sí mismos. Ahora se ve una mayor profundidad en ellos…

—Creo que ninguno de los personajes es una caricatura. Es un buen punto el que señalás, pero me parece que todos los van más allá de ese caricatura de sí mismos, mostrando su costado humanitario.

—En tu caso, Loach tiene mucho más protagonismo en esta segunda temporada. ¿Cómo fue ese cambio para vos?

—Bill (Hader) y Alec (Berg) lo sabían, porque cuando terminamos el rodaje de la primera temporada me dijeron que tenían muchas ideas para Loach. Así de adelantado es el pensamiento de ellos. Cuando leí el primer libreto de la segunda temporada me desalentó un poco, pensé que no era más gracioso. Además, en la primera temporada estaba cómodo con Loach y su relación con Moss, me llevó un par de episodios pero encontré mi lugar. Pero es se rompe. Lo hablamos con Anthony Carrigan (NoHo Hank), nuestros personajes eran parecidos porque ambos perdían a sus compañeros y se quedaban solos. Fue una charla importante, porque me hizo dar cuenta de que tiene que ser un desafío constante que te saque de la zona de comfort. Ahora Loach sigue siendo gracioso, pero una forma más pofunda, mucho más que en la primera temporada y eso fue una gran apuesta.

—¿Qué significa para trabajar con Bill Hader? ¿Cómo se trabaja con él?

—Es increíble haciendo imitaciones. Por lo general está muy concentrado, no hay muchas distracciones. Nos reímos mucho en el set, y hacerlo reír es como una droga para mí, si no se reía me quedaba preocupado. Me enorgullece poder ser parte de la serie. Bill no es sólo un buen comediante, es un gran actor. Pero también es muy buen guionista. También me ayudó a aprender de lo que soy capaz, eso me encantó.
Estoy orgulloso de él. Vengo de la comedia como él, para mí la improvisación es lo máximo. Cuando alguien como Bill triunfa, no es una victoria sólo para él, sino para nosotros, como comediantes.

—Anthony Carrigan tiene a uno de los mejores personajes de la serie, NoHo Hank. ¿Cómo es trabajar con él?

—Tiene que haber un spin-off llamado NoHo Hank. Podés esperar lo que sea de él, Hank vive en un mundo de fantasía. Anthony es un monstruo, tiene muy buen sentido del humor pero no se la pasa haciendo chistes. Hay varios de nosotros que sí, pero él es mucho más serio. Es divertido, pero no es un comediante y creo que por eso es uno de los más graciosos; por eso puede jugar con el absurdo, con ese tono de verdad.

—Hablando de absurdos, el quinto episodio de la segunda temporada es un himno…

—Tiene un tono más surrealista. Fue uno de los mejores episodios de televisión que vi. Haber estado en Twin Peaks me arruino la posibilidad de sorprenderme en el trabajo. Con Twin Peaks lo hacían sin decirme nada, incluso en mis propias escenas, a veces no sabía ni a quién le hablaba. Cuando miré The Return me sorprendí hasta con las escenas en las que estaba yo. Ahora leo por arriba las partes que no esto por si necesito algo de contexto, sabiendo que si me salteo algo importante, me lo van a decir. Creo que cuando leí el guión, no tenía la menor idea de lo surrealista que iba a ser este capítulo.

—Para cerrar, hablanos un poco de Twin Peaks. ¿Qué significó para vos ser parte de la nueva temporada?

—Era fanático de la serie, cambió la forma de hacer televisión, pero además me llegaba, hablaba de las cosas que me gustaban. Me pasó como con Barry. Algo que no sabía que se podía hacer hasta que se hizo. Ahora que soy parte, no lo puedo creer, es como haber entrado al televisor.

—Entre las escenas más recordadas de tu personaje, el oficial Broxford, están las de la cárcel con el borracho y la mujer sin ojos. ¿Cómo fue ese rodaje?

—Lo recuerdo de la misma forma que un sueño, no diferencio el rodaje de la escena. No sabía lo que iban a decir, y a veces parecía que estaban improvisando. David Lynch es muy bueno, sabe lo que quiere, pero deja que las cosas pasen y va guiando en base a eso. Se siente como que vas rodando colina abajo y él te va manteniendo en camino.

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Convencido de que quería ser periodista desde que tengo 15 años, me vine a La Plata desde Bahía Blanca donde terminé de curtir mis gustos. Con la cara de piedra como bandera y la manija como cualidad característica, estoy encantando de poder hacer esto que me apasiona. Me gusta más el Jim Carrey dramático y para mí es una obligación que hayan visto Perros de la Calle y Pulp Fiction.