Tras ser conocido durante muchos años por la gente de la industria de Hollywood como Harvey Manostijeras por su gusto de meter la mano en los montajes de todos su films y recortarlos hasta el infinito, Harvey Weinstein ha debido hacer frente a acusaciones e insultos más graves por gustos más graves en los últimos meses.

Su repugnante machismo, incontinencia sexual y las seis denuncias oficiales en su contra hasta el día de hoy por abusos sexuales a actrices incipientes y no tan incipientes (también hay que decir que algunas de ellas vendieron su dignidad por un poco de fama) fue el inicio de un desplome, que está viviendo ahora sus últimos momentos, para la compañía que dirigía junto a su hermano Bob: The Weinstein Company.

La compañía, que a través de sus jefes ha dominado la industria y sus premios en los últimos 25 años mediante el tráfico de influencias más bochornoso que se recuerda, estaba a punto de ser vendida a un grupo de acreedores liderado por María Contreras-Sweet por un total de 500 millones de dólares. Pero la negativa de los compradores a desembolsar el dinero de inmediato y las declaraciones del Fiscal General de Nueva York Eric Schneiderman acusando a la compañía de haber permitido los delitos sexuales de su jefe durante años, han paralizado la venta.

“Aunque somos conscientes de que es un desenlace profundamente desafortunado para nuestros empleados, acreedores y cualquier víctima, a la junta directiva no le queda otra opción que buscar la única opción viable de maximizar el valor que le queda a la empresa: un proceso ordenado de insolvencia” ha declarado la compañía en un escueto comunicado enviado a la prensa.

Harvey Weinstein se encuentra preparando su defensa ante los tribunales en estos momentos, y a lo mejor, a partir de ahora, los Oscar vuelven a ser un poco más serios de lo que han sido en los últimos 20 años, donde auténticas aberraciones fílmicas apadrinadas por Harvey a cambio de… bueno, de eso, han monopolizado los premios.

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