Un escenario donde el sol es tu peor enemigo y la lucha por la supervivencia, el motivo de la búsqueda incansable de la noche.

La primera serie belga original de Netflix (Into The Night) se basa en el libro del polaco Jacek Dujaj, El viejo Axolotl. Parte en Bruselas, pero, en la premura por la oscuridad, hace que los pasajeros del avión BE Airways con destino a Moscú, vayan divagando por distintos aeropuertos del mundo peleando por sobrevivir.

La miniserie creada por Jason George une en un aeropuerto a diversos personajes cargados de historias individuales, diferentes nacionalidades y objetivos disímiles, pero que coralmente se reúnen y son víctimas del secuestro del avión que tomaban. Sin embargo, esta trama dista de un simple secuestro y devela, en su primer capítulo, el real objetivo de Terenzio (Stefano Cassetti), quien, en su afán de salvarse y teniendo la información privilegiada que el sol por un extraño motivo está matando a los habitantes de la tierra, requisa el avión para concretar su plan de vida y escape. Esa es la historia que mueve esta miniserie; que los tripulantes del avión encuentren la forma de no morir cuando amanece.

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Son seis capítulos, cada uno llamado a contar la historia de los seleccionados como los personajes primordiales de la serie. Tienen casi cincuenta minutos de duración, pero con el manejo del suspenso permanente que le dan los jóvenes directores Dirk Verheye e Inti Calfat, te llevan a un ritmo que permite ver más de uno seguido queriendo llegar pronto al desenlace. Se apoya también, en flashbacks, dónde desarrollan cápsulas de la vida pre-apocalíptica de los seis personajes principales que le dan nombre a cada uno de los capítulos, lo que permite tener momentos de descanso de esta tensión permanente, acompañado por supuesto, por una banda sonora propia del género que te lleva a respiraciones cortadas y seguidas, por lo que se agradece. 

Si bien es una serie que usa lugares comunes para desarrollar el género de ficción y de thriller, es interesante ver en la narración, cómo van saliendo a la luz las relaciones y reacciones de los personajes que se encuentran en momentos decisivos dentro del avión, más aún hablando de la lucha entre la vida o la muerte. 

Recuerda a ratos películas como la alemana Das Experiment (El Experimento) donde el contexto va determinando el actuar de los personajes y donde cada uno de ellos va sacando rasgos de su personalidad que son rechazados o aprobados por la “sociedad” conformada dentro del avión.

Se agradece ver un liderazgo femenino como protagonista. Encarnado por Pauline Etienne, Sylvie, es una exsoldado que pasa por un complejo momento personal y que innatamente va abordando los desafíos que la emplazan como la más lúcida en la toma de decisión en momentos difíciles, quizás aludiendo a que no tiene nada que perder, asume su mando de manera natural. La acompaña siempre en esto, Mattheu (Laurent Capelluto), el piloto del avión que apegado a su cultura organizacional revela, cada vez que puede, que su objetivo es mantener a sus pasajeros a salvo. El resto de los personajes son diversos y funcionales a las tareas que se requieren en un escenario tan particular y vulnerable. Un mecánico, una enfermera, una madre con un hijo enfermo dispuesta a todo, un guardia de seguridad, una azafata, entre otros. Todos, con un rol que va influyendo en el tejido social que se forma para el objetivo de la supervivencia diaria.

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Es interesante ver cómo se van generando bandos entre los protagonistas, cómo se van aplacando las personalidades más fuertes, cómo se implanta el sentido de democracia luego de la imposición de unos sobre otros, cómo cada uno de los pasajeros, incluso aquellos que parecieran más débiles, tienen algún aporte en esta miniserie que nos lleva… por este camino de la noche.

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