En 2003, Richard Curtis, el guionista de Nothing Hill y El Diario de Bridget Jones congrega un elenco de lujo para explorar todo el espectro del amor en una serie de historias interconectadas que le devuelvan al mundo un poco de luz después del 11 de septiembre.

Love Actually” inicia y culmina en los aeropuertos. Y son estos, tal vez, la representación del vuelo que uno inicia cuando se enamora y cuando se baja del amor. Como en aquella canción de Sean Lennon que decía “Falling in and out of love”, uno emprende un viaje de emociones tan vertiginoso y particular, que una vez que se termina, no vuelve a ser el mismo. El amor nos transforma, nos cambia, nos altera por completo, nos lleva a lugares que nunca creímos posibles y muchas veces, cuando nos vemos en el espejo, desconocemos a la persona que tenemos enfrente, porque el amor nos ha convertido en otro. Y el amor es tan variado, tan múltiple en sus posibilidades, que puede llegarnos de cualquier manera. Y de alguna u otra forma, Love Actually se encarga de expresar una gran cantidad de posibilidades de este espectro tan infinito.

 Arrancando en un mundo post 11 de Septiembre la película nos cuenta que cuando los aviones que derribaron las torres gemelas fueron secuestrados, los mensajes de los pasajeros a sus seres queridos no eran de odio y rencor, sino de amor. Amor por sus seres queridos. Aún a minutos de la muerte, del olvido, de un destino cruento y terrible, lo primero que paso por la cabeza de esa gente fue: el amor.

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 Love Actually es una historia donde el amor, muchas veces, nos lleva a lugares tristes, pero que siempre nos hace vivir. Y esta realidad, post tragedia, necesitaba un soplo de aire fresco, un haz de luz en aquellos tiempos tan terribles del mundo en guerra y el horror del terrorismo a flor de piel. Y lo primero que hace es resignificar los aeropuertos, esos lugares que se habían convertido en la sombra de la tragedia, tenían, por la fuerza, que volver a ser el lugar de encuentro de las personas y sus afectos. Y así, con un aeropuerto como punto de inicio, un montón de personajes, interconectados por parentesco, amistad o cercanía, inician un viaje de amor en uno de los momentos más emotivos del año: las vísperas de navidad.

 Con un cast estelar que incluye a Hugh Grant, Colin Firth, Emma Thompson, Keira Knightley, Martin Freeman, Alan Rickman y Liam Neeson, la película explora cada una de las formas del amor que nos unen, como cambian nuestra forma de ver el mundo, a los demás, y a nosotros mismos. Lo inesperado del amor, lo mágico del amor, lo inexplicable del amor. Ya sea el amor que irrumpe de la nada entre un escritor y una mujer con la que no comparte idioma, y que ambos ven crecer en algo que va más allá del lenguaje y la forma en que nos entendemos o entre dos personas ubicadas en lugares conflictivos dentro de un matrimonio, es decir: la novia y el mejor amigo del novio, una situación que hace muy difícil el nacimiento de un amor tierno y casi inofensivo.

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 En una cuenta regresiva hacia Navidad, vivimos un montón de historias, cada una representando una parte del espectro del amor: el amor en un matrimonio que se empieza a desgastar, el amor entre dos actores porno en medio de una filmación o el de un nene que se enamora de su compañerita de colegio y para ganarse su amor aprende a tocar la batería, es el amor entre una estrella de rock en decadencia y su manager de toda la vida, mucho más fuerte que los excesos y las olas de sexo que ha surfeado en su vida. Cada historia tiene su tono, su propia banda sonora, y aun cuando estas historias se interconectan, son visibles los cambios de tono entre los personajes, pero logran una armonía real, humana. 

 La persona detrás de Love Actually no es un recién caído de la cama. Richard Curtis fue guionista de Nothing Hill, Cuatro Bodas y un Funeral y El Diario de Bridget Jones entre otras. Luego de dirigir Love Actually, se puso detrás de la cámara de dos grandes películas como “The Boat That Rocked” y una fundamental del cine romántico y la ciencia ficción light como “About Time” con Domhnall Gleeson y Rachel McAdams.

 Es interesante como para ser una película de 2003 trata temas como la gordofobia de una forma tierna e inocente, con el personaje de Hugh Grant, un primer ministro amado por la gente, irreverente y sensual, enamorándose de su secretaria, Natalie y no entendiendo los prejuicios con los que la mira la gente que trabaja con él. Una película a la que tal vez solo le faltaba una pareja gay para ser completamente actual, pero que con su falta de prejuicios y su hermosa visión de lo que significa el amor en cualquiera de sus espectros, sigue siendo relevante al día de hoy y deliciosa para quien quiera sumergirse en una de las mejores comedias románticas que existen.

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