Entre la aventura en lo vasto del espacio y el intimismo del espíritu humano, Brad Pitt se lanza en un viaje al cosmos para encontrar a su padre, en medio de una catástrofe que pone en peligro a una humanidad empecinada en encontrar respuestas en lo desconocido.

Una serie de pulsos de energía están sobrecargando los sistemas terrestres, provocando muertes y pérdidas millonarias. ¿La razón? Un antiguo proyecto de la comunidad aeroespacial para contactar con inteligencia extraterrestre. ¿El responsable? El Dr. McBride (Tommy Lee Jones), uno de los pioneros de la exploración espacial. ¿La única esperanza? Que su hijo, el astronauta Roy McBride (Brad Pitt) le haga llegar un mensaje a través del cosmos.

 James Gray (We Own The Night) construye un mundo frágil, no muy lejos de nuestra realidad, donde comenzamos la conquista del espacio pero continuamos con una visión bárbara y destructiva. La tecnología que se ve en la película es esquelética, rudimentaria, endeble, un reflejo de una sociedad que mucho abarca y poco aprieta y que, bajo el mensaje más fuerte de la película, busca respuestas en el espacio exterior antes de resolver la angustia existencial de nuestra propia especie. 

 Ominosa por momentos, sobrecargada de acción por otros, Ad Astra parece una película de aventura con pretensiones de intelectualidad y reflexión, pero el manejo que hace de elementos de suspenso, la ambientación y el costo de las respuestas que buscan sus protagonistas le da más crédito a su costado intimista. Es fácil perder el hilo humano en la inmensidad colosal del cosmos, pero Pitt da una interpretación sincera de un hombre que vive bajo la sombra de su padre, tan infinita como el espacio donde se perdió para buscar respuestas y las dudas de el mismo sobre lo que significa el espíritu humano frente al universo que se expande y la relación con los que tiene más cerca.

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 Es interesante ver a actores de la talla de Donald Sutherland o actrices como Ruth Negga acompañando, al menos brevemente, el viaje de McBride, con momentos que parecen capítulos, obstáculos en el camino de una odisea más grande, donde se mezclan la aventura, la acción y el horror. Lamentablemente, se pierde un poco el papel de Liv Tyler, la esposa de Pitt, a pesar de ser el centro de las grandes cuestiones del personaje, tal vez por ser usada en flashbacks y no tener una injerencia viva en la actualidad de la trama. Pero esto se soluciona un poco con las numerosas pruebas psicológicas del personaje donde se puede ver el peso de su vida pasada y las consecuencias que tendrá en el futuro.

 Con ciertos baches argumentales y algunas cuestiones filosóficas un poco agarradas de los pelos que los más aficionados a los viajes espaciales o simplemente a la tecnología en general no dejarán pasar, Ad Astra cumple más de lo que promete en un principio, una película que entremezcla un montón de elementos para lograr un producto que se disfruta, que entretiene y que con un poquito de lo que los norteamericanos llaman “Suspension of Disbelief” (y se traduciría como “ser un poquito amables con la trama”) va a quedar como una de las grandes películas de ciencia ficción del año pasado.

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