Con el manto de la polémica encima y un juicio millonario en contra, HBO estrenó el trabajo del inglés Dan Reed que le dio voz a dos víctimas del cantante: Wade Robson y James Safechuck

Leaving Neverland, el documental del que se estuvo hablando durante los últimos meses, en los que hasta los productores de Los Simpson se hicieron eco y decidieron bajar el episodio en el que participó Michael Jackson, se estrenó este fin de semana. Con un excelente trabajo de investigación, en el que no faltaron recortes de diarios, fotos, reportajes y voces de familiares, el inglés Dan Reed desarrolló un relato de cuatro horas en las que expuso las denuncias por abuso contra el rey del pop.

Son Wade Robson y James Safechuck las dos personas que se exponen frente a cámara y relatan los hechos que habrían vivido durante sus infancias, cuando conocieron a Jackson. El primer resultado, fue el más obvio, el de los talibán del músico, que trataron a los dos jóvenes de mentirosos que simplemente querían dinero.

A casi diez años de la muerte del cantante, el fanatismo creado alrededor de su figura lo sigue blindando frente a estas denuncias. Ya había sucedido a principios de los 90, cuando Jordan Chandler, el primero en delatarlo, aseguró haber sufrido abusos aunque el fallo de la Justicia no fue favorable. En ese entonces, tanto Robson como Safechuck, todavía chicos, negaron rotundamente cualquier tipo de destrato.

Las dos partes en las que se divide el documental se encargan de reflejar eso, pero también de desglosar el proceso mental, psicológico, que le llevó a los dos entrevistados de Leaving Neverland juntar el coraje y exponer sus propias vivencias. En el medio, quedan los familiares, y las dudas -así como también las propias condenas de James y Wade par con ellos-. ¿Hasta que punto desconocían lo que pasaba en Neverland cada vez que estos chicos iban a visitar a su ídolo musical.

Quedará en cada espectador ver de qué lado se pone después de ver las cuatro horas del documental, que deja una postura clara en torno a las denuncias: les cree. Altere a quien altere, sea fanático o no de Jackson, el trabajo de Reed invita, al menos, a la reflexión. No sólo la de pensar qué pasó con Wade Robson y James Safechuck en los 90, sino también la de volver a preguntarse si es posible separar la obra de su autor. ¿Las denuncias opacan la revolución musical que causó Jackson en apenas 50 años de vida?

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