En 1998, año en que se estrenó El show de Truman, había ciertas fronteras que la televisión no se había atrevido a cruzar, límites que no se habían transgredido. Claro que nos referimos a la presencia en nuestras pantallas de programas como Gran Hermano, formato que, ya desde su propio título, homenajeaba sin ningún pudor a la gran novela de Orwell, 1984The Truman Show es, en realidad, una película sobre un programa de televisión homónimo. De hecho, su metraje no comienza con los títulos de crédito habituales (que aparecerán al final), sino con la cabecera del programa, en la que comprobamos que todos los habitantes de Seaheaven, excepto Truman Burbank (Jim Carrey), son actores que se mueven en un plató gigante, una especie de ciudad ideal, utópica.

Como afirma Christof (Ed Harris), el gurú de la televisión que ha creado el programa, todo es mentira salvo Truman: él es auténtico, él es “de verdad”.

El show de Truman admite una lectura en clave ética y moral, ya que nos pone frente a un individuo que trata, en primer lugar, de conocerse a sí mismo y de descubrir cuál es el lugar que ocupa en el mundo. En segundo lugar, plantea una cuestión escalofriante: ¿somos en realidad tan distintos a Truman? ¿no están nuestras vidas tan programadas como la suya?; ¿no estamos cada vez más controlados, más vigilados?

A 20 años de su estreno, recordamos la película que nos remarca la pérdida de libertad del individuo en una sociedad cada vez más globalizada, donde la sobreexposición constante se ha vuelto una necesidad imperante en el cotidiano de los días.

No hay diferencias entre Truman y nosotros, todos en estamos de alguna manera viviendo una vida ficticia. Algún día puede que, como Truman, tengamos el coraje de encaminarnos hacia la tormenta que se avecina ahí a lo lejos en el horizonte, dejando atrás nuestros miedos para finalmente cruzar la puerta en mitad del cielo que nos depositara en lo real de la vida.

Apaguen los televisores, las computadoras, los celulares y salgan a vivir. Tengan ustedes buenos días, buenas tardes y por si no nos vemos luego…  buenas noches!

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