En los últimos años hemos visto como grandes actores y actrices han pasado de la pantalla grande de las salas de cine a las de televisión. Y es que la cima de la industria ahora también tiene sitio para las series. El éxito de algunas de ellas llevó a las grandes productoras a apostar por el pequeño formato. Aumentó la inversión, aumentó la calidad y, comenzó el trasvase de actores y actrices de lujo. No hace falta detallar la larga lista y, seguro que cada uno tendrá sus favoritos, pero el caso de Peaky Blinders merece mención aparte.

La serie ha mantenido el mismo nivel a lo largo de sus cuatro temporadas, situándose sin que nadie la discuta en los primeros puestos de las listas de las mejores series de los últimos años. Es indiscutible el valor de todos los elementos que forman la serie. Desde el perfecto guión de Steven Knight, pasando por la dirección y la recreación del Birmingham de la época. Pero esta es una serie en la que los actores y actrices lo pueden convertir todo ellos solos, no hay uno malo. Unas veces el peso puede estar más repartido y es la suma lo que te convence. En Peaky Blinders convence todo y eso la hace una serie excepcional, pero si no hubiese decorados y Adrien Brody -cuarta temporada- escuchara a Tom Hardy solo con la cerilla en la boca mientras este tiene los ojos cerrados, nos lo creeríamos igual.

Además está Cillian Murphy, que a pesar de habernos acostumbrado a su Thomas Shelby, siempre con el cigarro en la boca y cabreado con el mundo, nos sigue convenciendo y, aunque lleguen nuevos personajes llenos de carisma él mantiene la altura. Otra que merece palabras mayores es la pirámide matriarca Polly, o lo que es lo mismo, Helen McCrory. Una actriz desconocida a veces por su nombre pero de un rostro inconfundible, que muestra una fuerza en pantalla difícil de superar por quién sea que se ponga delante. Quizá el peso más poderoso en pantalla y eso es tremendamente difícil en esta serie. Y el hermano mayor y más visceral de los Shelby, Arthur, que interpreta Paul Anderson apunto de morirse en cada plano.

En la cuarta temporada además de la aparición de Adrien Brody como Luca Changretta representando a la mafia italiana de Nueva York, también llega a la ciudad de los Peaky Blinders, aunque de forma más amistosa, Aberama Gold y su séquito. Un hombre de etnia gitana y sin escrúpulos que interpreta Aiden Gillen, más conocido por el personaje de Meñique en Game of Thrones.

A lo largo de la serie se han ido incorporando actores u otros han ido cogiendo más peso como si el talento se contagiara en el set de rodaje. Es el caso de Joe Cole y Finn Cole, hermanos en la vida real y primos en la serie. El primero como John Shelby, que va cogiendo importancia a lo largo de las temporadas, y el segundo como Michael Gray, el hijo aparecido de Polly que pese a su edad también sube unos puntos la nota de los actores de la serie. O Ada Thorne (Shelby antes de casarse) a la que da vida Sophie Rundle, que aunque ha estado más desaparecida, en esta temporada vuelve a tener un papel importante. Y vuelve también Tom Hardy como Alfie Solomons demostrando que es uno de los actores más en forma del momento. Cada aparición suya, al igual que pasa con Adrien Brody, es ponerte unas gafas de realidad virtual.

Dicen que todo lo malo se pega pero seguro que lo bueno también y, por eso en esta serie hasta los personajes más secundarios saben aguantar la mirada a estos actores y actrices que marcan las alturas de los techos. Acérquense a los Peaky Blinders y que Dios los salve.

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