Jason Statham protagoniza un thriller de acción que no inventa nada nuevo, pero encuentra en la violencia, el ritmo y el escenario perfecto sus principales virtudes.
Jason Statham ya no necesita demasiadas presentaciones. A esta altura, su nombre prácticamente funciona como un género propio: sabemos que si aparece en pantalla, alguien va a terminar recibiendo una buena paliza. Mutiny entiende perfectamente eso y construye una película alrededor de sus principales fortalezas. La historia sigue a Cole Reed, un exmarine y policía convertido en guardaespaldas que queda involucrado en el asesinato de su jefe, un poderoso empresario naviero de Bangkok.
Acusado injustamente, Cole termina infiltrándose en un enorme barco de carga para descubrir quién está detrás de la conspiración. Allí se encuentra con algo todavía más peligroso: una red de tráfico de personas.
Un Duro de matar en alta mar
A partir de ese momento, Mutiny se transforma en una especie de Duro de matar a bordo de un barco. Y aunque la comparación no sea precisamente original, funciona.
El Artemis es un escenario perfecto para este tipo de historia. Pasillos estrechos, escaleras, contenedores, conductos y salas de máquinas convierten prácticamente cualquier rincón en un posible campo de batalla.
Jean-François Richet, director de Plane, aprovecha muy bien ese espacio y consigue que el barco tenga una presencia propia dentro de la película.
Statham, en su elemento
La mejor decisión de Mutiny es no complicar demasiado las escenas de acción. Las peleas son rápidas, violentas y directas. Cole no necesita cinco minutos para derrotar a un enemigo: lo hace de la manera más rápida y brutal posible.
Y ahí Statham está completamente cómodo.
El actor vuelve a interpretar a uno de esos personajes duros, silenciosos y prácticamente indestructibles que se convirtieron en su marca registrada. Pero lo hace con una naturalidad que demuestra por qué sigue siendo uno de los grandes referentes del cine de acción actual.
Hay peleas con cuchillos, disparos, golpes, herramientas convertidas en armas y enfrentamientos en lugares realmente incómodos. Todo está pensado para que cada impacto se sienta.
Una historia que no está a la misma altura
El problema aparece cuando la película intenta ser algo más que una sucesión de buenas escenas de acción.
La conspiración detrás del asesinato y el tráfico de personas le dan a Cole una motivación más importante que simplemente vengarse, pero el guion no consigue desarrollar demasiado esas ideas.
Los personajes secundarios tampoco tienen demasiado espacio para crecer. Annabelle Wallis cumple como aliada de Statham y Roland Møller disfruta interpretando al villano de turno, pero ninguno logra escapar demasiado de los lugares comunes del género.
¿Vale la pena?
Mutiny no reinventa el cine de acción ni pretende hacerlo. Es una película completamente consciente de lo que quiere ofrecer y, sobre todo, de quién es su protagonista. Y eso termina jugando a su favor.
Si buscás una historia compleja, probablemente haya mejores opciones. Pero si querés ver a Jason Statham enfrentándose a una veintena de tipos dentro de un barco y resolviendo cada problema a los golpes, es difícil que la película te decepcione.
No es la mejor película del actor, pero sí una de las que mejor entiende qué significa hacer una película de Jason Statham.
Calificación: 7/10.









































