Inspirada por su corto Foxes y las pinturas de Magritte, el director Loncan Finnegan trae una pesadilla suburbana, donde no toda casa es un hogar y el mito de la cigüeña es un poco más tétrico que de costumbre. 

Cómo sucedió con el corto “Monster” de 2005, que dio lugar a su versión completa en “The Babadook” (2014), Vivarium es, en cierta forma, una versión más larga y revisada del corto de su director “Foxes” de 2011, con el que comparte varios temas, aunque acá se exploran otros conceptos, con un tono más amable pero que llegado al desenlace de la película va aumentando en cuestiones de paranoia y aislamiento. 

Vivarium de Lorcan Finnegan, es la historia de una pareja (Imogen Potts y Jesse Eisenberg) que visitan un barrio suburbano en desarrollo en busca de un hogar. Luego de que el misterioso agente inmobiliario desaparezca, ambos quedan atrapados en un loop constante de casas idénticas, que parecen salidas de un cuadro de René Magritte. Tras unos intentos infructuosos por escapar que los dejan siempre en la puerta de su nuevo hogar, la pareja decide quedarse hasta descubrir una forma de huir. Y en ese momento comienzan a llegar cajas. Cajas con víveres. Cajas… con un bebé recién nacido. 

Crítica | Vivarium

Esta pesadilla suburbana, que a simple vista parece más una rareza que otra cosa, trata el terror desde un punto de vista más psicológico y simbólico, un terror del que no suele hablarse en el género. El horror de Vivarium no son sus barrios infinitos sin escape, sino la idea del sometimiento a una estructura de vida forzada que no elegimos. La caja con el bebé recién nacido parece más bien una evocación a la idea de progreso de antaño, lejos de una idea de desarrollo personal, de libertad propia. La idea de progenie en Vivarium es terrorífica. Bebés que crecen en cuestión de días, de conducta completamente errática, mimetizando las actitudes y voces de sus padres y capaz de estallar a los gritos por la menor perturbación. Alienado, extraño, el “hijo” adoptivo de esta pareja, que sale de la nada, siempre parece estar observando, analizando, imitando. ¿El propósito? El propósito no es lo que importa, sino la sensación de una responsabilidad superpuesta, de un hijo no buscado. 

Este terror de barrio residencial, de cinta de moebius de casitas pintadas, está muy bien conducido por Imogen Potts, cuyo lento descenso a la locura es claramente visible y un poco más disfrazado por Jesse Eisenberg, que ya parece llevarlo en el ADN. La sorpresa es Senan Jennings, que hace del niño en su infancia, cuando alcanza dosis altas de terror, con su mímica de voces adultas y sus gritos constantes. 

Un Vivarium es un lugar cerrado donde se estudia el crecimiento de animales y plantas y en este horror suburbano, la tensión y la locura también van a tener un crecimiento tan vertiginoso como el niño de la caja. Vivarium es una película que tal vez quede ensombrecida por otros exponentes del nuevo terror con mucha más intensidad visual o metafórica, pero su tensión está construida sobre elementos bastante originales, que dicen mucho más entre líneas de lo que su historia parece entrever.

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