En Dolor y Gloria, el último largometraje del director español, puede observarse un cuadro que forma parte de su lista de grandes pendientes

Quizás no resulte producto de la casualidad el hecho de que el último protagonista de la condecorada Dolor y Gloria, Salvador Mallo (Antonio Banderas), se apellida de la misma forma que una artista de renombre internacional como lo fue Maruja Mallo.

Esta célebre pintora oriunda de Viveiro, perteneció a la vanguardista Generación del 27, aquel movimiento del que formaron parte artistas de la talla de Salvador Dalí, Luis Buñuel o Federico García Lorca. «El racimo de uvas» es un óleo sobre tablero que consta de un tamaño de 66 x 50 cm y fue realizado por Mallo durante su exilio en Argentina en 1944. Aquel que logre tener un acercamiento con el arte surrealista profesado por esta pintora, quizás logre familiarizarse o comprender parte de la devoción que Almodóvar profesa por su arte y por esta obra en particular.

El cuadro de referencia, cuelga en la cocina de Salvador Mallo, pero no se trata de la obra original sino de una excelente réplica. La casa del protagonista de Dolor y Gloria está inspirada en el hogar del propio Almodóvar, quien incluso colaboró con la decoración del espacio aportando obras de arte de su colección personal.

Esta pintura en particular, adquiere cierta relevancia al publicarse un artículo en el diario El País, cuyo autor asegura que por el 2017 el cineasta español tuvo la oportunidad de apropiarse de ese cuadro que resultó ser «un amor a primera vista«en una muestra realizada en la galería Guillermo de Osma; pero que sin embargo por «falta de liquidez» no pudo comprarla en ese momento concreto y más adelante le fue negada esa posibilidad dado que el propio galerista la sumó a su colección personal.

Más adelante esta versión fue retrucada por el propio Guillermo de Osma, sosteniendo que la obra nunca estuvo a la venta y Almodóvar tampoco indagó acerca de ello. Mentira o verdad, no forma parte de un suceso aislado, que dentro de esa prolífera colección pictórica original, cuelgue la réplica de aquella que Pedro no pudo obtener, aquella que decidió inmortalizarla como parte del decorado de una de sus películas más sublimes y autorreferenciales.

Si Salvador Mallo logra eternizar parte de su infancia, de su amor trunco y sus dolencias a través de su arte, por qué el artífice que estuvo detrás de la creación de este personaje y los escenarios que lo contienen, no sumaría a esa lista de imposibles o pendientes, un cuadro que verdaderamente le apasiona y nunca pudo obtener. En fin, su forma de conservarlo para siempre queda expuesta en la grandilocuencia estética y conceptual de uno de sus filmes más destacados y personales.

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