La Guerra de Malvinas constituye uno de los capítulos más oscuros de la historia Argentina y sin embargo no hay muchas producciones de ficción que se animen a retratarla. Entre las pocas que se han hecho, siempre fue el soldado, el héroe de guerra, el enfoque principal abordado. Sin embargo, Nicolás Savignone, director de cine y médico psiquiatra, con trabajos anteriores como “Los Desechables” o el documental Hospital de Día, vino a patear el tablero y contarnos el costado menos pensado de la guerra: “Tenía fe que si yo partía desde algo mío, de mi imaginario, mis recuerdos, ahí iba a estar lo nuevo, lo novedoso del tema. Entonces empecé a bucear en mis recuerdos”.

Resultado de imagen para ni heroe ni traidor

Nacida como obra de teatro durante una maestría en dramaturgia dictada por Susana Torres Molina, y luego adaptada al cine, Ni Héroe ni Traidor, la cual dirigió y además co-escribió junto a Francisco Grassi y Pia Longo, nos relata el impacto dramático que generó en cientos de familias la convocatoria que recibieron los jóvenes argentinos, para enfrentarse contra Inglaterra en la lucha por la recuperación de las Islas Malvinas. ¿Cómo reaccionaron? ¿Cuántos la sintieron propia? ¿Cuántos intentaron desertar? ¿Cuántos fueron considerados traidores por un Estado que decidió enviar chicos sin entrenamiento a defender el honor de un país vapuleado por los años negros de la dictadura? Con una belleza estética sublime y diálogos escuetos pero contundentes, la película nos muestra las distintas caras de la antesala de la guerra y el abrupto final de la adolescencia que sufrieron las generaciones nacidas a mediados de los años 60. 

En Argentina hay bastantes documentales sobre la Guerra, pero no tantas historias de ficción ¿Qué te llevó a hacer una película sobre Malvinas?

Yo ya venía interesado en la temática, con ganas de hacer un documental, pero a veces cuando las cosas te llegan solas, te obligan a producir, a pensar, a reflexionar. Hacerlo dentro del taller de dramaturgia me dio un tiempo enorme para pensar el inicio de la película y desde dónde construirla, cómo contar algo que ya se contó muchas veces, pero aportando algo nuevo. Fue un desafío pensar desde dónde arrancar. 

Mostrar la disyuntiva de pelear una guerra que uno no siente propia es una decisión arriesgada por lo que representa ¿Por qué decidiste contarla desde ese punto de vista?

Yo creo que es una gran responsabilidad comunicar una película que hable sobre un tema tan delicado como fue la guerra. Quería aportar un punto nuevo, una nueva mirada, algo que todavía no se había visto o que no se quiere hablar. Un poco pensando en estas historias que yo recordaba, me acordé de una y pensé esta es la que yo quiero mostrar. Sé lo delicado que es. Muchos me pidieron que no la cuente. En las redes me están haciendo algunas críticas sobre por qué no usé una u otra historia y creo que esas películas también son posibles, pero yo decidí contar la de Matías, que no es la de una persona que yo conozca, sino que es una historia que escuché, un rumor que se corrió en esa época. Quizás el día de mañana desarrollo la historia de Martín, que va a la guerra. Pero ahora me quise concentrar en esta, que aporta una nueva mirada y que va a traer una discusión que todavía no se dio. También mi posición sobre el tema es mucho más clara ahora. Día a día se va alimentando y voy reflexionando. Hacer la película fue empezar a poder contestar algunas de las preguntas que para mi eran muy difíciles de responder. 

Decís que la historia está construida desde tus recuerdos, ¿los personajes también?

Todo eso que se ve en la película, el barrio, los amigos, lo que hacen, el fútbol, las interacciones, son cosas de mi infancia, por eso yo tenía muy claro cómo eran los personajes. A cada uno lo escribí pensando en alguien y en el rol social y de grupo que ocupaba.

La película presenta una estética muy marcada y los actores responden de forma casi natural a ella, ¿cómo fue el proceso de selección?

 A Juan (Grandinetti) me lo recomendó Carlos Portaluppi. Había pensado varias opciones, pero cuando lo vi, me cerró por todos lados, dije es él. Agustín (Daulte) fue un hallazgo. Ese personaje era muy difícil: lo que hace; la decisión que toma; construirlo; ir de menos a más; que sea verosímil; que se diferencie del resto; que cumpla un rol específico. Además, hay algo de lo visual. Uno piensa en cómo los va a filmar y cómo se va a ver uno al lado del otro. Si uno es rubio, no pueden ser todos rubios. Martín fue elegido por la altura, que era de la altura de Juan. Si yo los tengo a los dos en plano y los tengo que filmar juntos, tengo que imaginar y entender cómo funcionan a la hora de filmarlos. Lo mismo con el vestuario. Que le combinen bien los colores fríos a uno y los colores cálidos al otro, para tener una paleta variada. Tenes que pensar en todo ¡Y aparte que sea buen actor! (risas). Yo tenía que pensar grupalmente cómo funcionaban. Los últimos callback de los casting los hacía venir en grupos que yo elegía, más o menos, pensando por donde van a ir y también imaginándome mucho, para no exigirle tanto a los actores con el tema de vestuario. A veces los rotaba para ver cómo funcionaban entre ellos, no solo a nivel actoral sino estético. La altura de Cacho Bidonde jugó a favor de la altura de Juan. 

Resultado de imagen para ni heroe ni traidor

Hablando de la estética, vos venís trabajando la tuya propia desde tus trabajos anteriores, ¿cómo se construye eso? 

Es un trabajo en conjunto con Federico Lastra, el director de fotografía. Nos recomendamos películas mutuamente. Por ejemplo, la posición de cámara pasa a ser mucho más móvil cuando es en mano. Yo venía trabajando sobre eso y con Fede empezamos a pensar cómo instaurar estéticamente esos climas y estos cambios dramáticos, a nivel posición de cámara. Revisando muchas películas decidimos que queríamos contarla de esta manera. Los planos son de personajes solos, nunca hay un hombro de referencia, el plano y contraplano no se trabaja así y me parece que la dimensión de la pantalla y las decisiones estéticas fueron muy acertadas y quedaron muy lindas a la hora de encuadrar. Además hay que decirlo, el pulso de Fede es impecable y eso también te ayuda a lucirte (risas). Es muy armónico como pudimos construir estos cambios dramáticos y a nivel estético, que también marcan el pulso de la película. 

La música tiene una una particular importancia en la película ¿qué estructura cumple en la historia?

El bajo es la textura sonora que acompaña desde el inicio y va acompañando durante toda la película. Se trabajó mucho en eso. Es el punto de partida. Se trabajó también con sintetizadores pero en momentos muy claves. Lo que a mí más me gustaba era el sonido de la cuerda de acero y grave. Entonces vas a ver que en la película hay momentos de tensión que se marcan con golpes de acero. 

Y además es el lazo que une al padre y al hijo ¿Esta decisión también tiene que ver con vos y tu juventud?

Siempre me encantó la música y algún momento soñé con ser músico.No desarrollé mi carrera, pero Wenchi Lazo, que es el compositor musical de la película, fue mi profesor de guitarra. Toco la guitarra, el bajo y el piano. Estudié los tres instrumentos, Tengo una relación con la música muy linda. Entonces, me pareció que este buceo en mis recuerdos tiene que ver con esto de que tocaba hasta las 3 o 4 de la mañana y venían a golpearme la puerta para decirme ¡Pará un poco! (risas). Me parece muy lindo que esta pasión por la música que tiene Matías la haya heredado del padre, aunque él, por cuestiones de la vida haya enterrado todo. Ellos no tienen mucho diálogo, su primer encuentro es a través de la música y me parece que eso es muy lindo de contar. No pueden hablarse, pero pueden zapar juntos. 

Resultado de imagen para ni heroe ni traidor

La película estuvo en el festival de San Sebastián y el de Edimburgo ¿Qué le espera a partir de ahora?

Ahora se viene un nuevo recorrido, estamos intentando hacer un circuito más general, más abierto. Antes del estreno elegimos festivales clase A, mas importantes, que nos ayuden a la hora de lanzarla. Tuvimos la suerte de estar en San Sebastián que es un festival hermoso y Edimburgo me sorprendió. Escocia me sorprendió, es hermoso. A mi me gustaría estar en el de Nueva York, en el de Londres, pero es muy difícil. Esas cosas no dependen de uno, así que a veces prefiero que me sorprendan.

¿Te gustaría seguir ahondando en la temática de Malvinas, o es un capítulo cerrado para vos?

Podría ser una posibilidad, pero ahora quiero disfrutar de los efectos de esta película. Es un momento muy difícil del país en cuanto a producción y mi decisión ahora es ser un poco más cauto y ver cómo sigue todo esto a corto plazo. Ver los efectos del estreno en mí como director y como guionista, y entonces sorprenderme. Tengo un montón de historias esbozadas, escritas y hasta tengo guiones casi terminados, pero no se cual de todos esos voy a seguir.

Desde Facebook
- publicidad -