La última película del prestigioso cineasta Marco Bellochio llegó al Festival de Cine de Mar del Plata. La vimos y acá te contamos que nos pareció.

Durante la última edición del Festival de Cannes y con 54 años de trayectoria a cuestas, el director Marco Bellocchio arribaba para presentar su obra más actual: “Il Traditore” (El Traidor). Con 80 años recientemente cumplidos, el cineasta vuelve a inmiscuirse en relatos biográficos acerca de personajes poderosos y sobresalientes de la historia de su Italia natal. Lo mismo sucedió con el caso de “Buenos días, noche” (2003) aquella película que indaga en el secuestro del ex primer ministro Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas hacia finales de los setentas y con el biopic del líder fascista Benito Mussolini “Vincere” (2009).

En esta oportunidad, Bellocchio erige su propia versión de “El Padrino” (1972), donde las influencias de la misma junto con otras películas de la talla de “El Gatopardo” (1963) también resultan evidentes. Pero el giro argumental de “Il Traditore”-a diferencia de sus antecesoras-reside en el hecho de que estamos frente a una historia real, nuestro protagonista fue una persona de carne y hueso, partícipe activo del crimen organizado y uno de los primeros arrepentidos en certificar los delitos cometidos por la Cosa Nostra.

Tommaso Buscetta, conocido como “el jefe de ambos mundos” (interpretado magistralmente por Pierfrancesco Favino), fue un colaborador con la justicia italiana que logró gracias a sus testimonios desmantelar gran parte del andamiaje de la mafia, obteniendo la condena de 360 miembros de la Cosa Nostra.

En una primera parte de la película observamos una reunión a principios de los 80’s entre los jefes o cabezas de estas familias, quienes establecen una tregua frente a la inminente disputa que desencadena el negocio de la heroína. Familias enteras posan para la “foto feliz” donde esa aparente calma y sincronía caen al vacío a la brevedad.

A continuación, gracias al conjunto de imágenes incómodas que dan cuenta de los crímenes cometidos dentro de la región, vemos  cómo uno a uno de los líderes más antiguos y su descendencia, comienzan a ser masacrados por los Corleonesi, quienes actúan en connivencia con aquellos que decidieron traicionar el status quo e ir en contra de sus principales aliados.

Las persecuciones en auto, los tiroteos, la carnicería inhumana hacia algunos personajes (véase el caso del brazo amputado), la venganza burda y siniestra que destapa parte de la lógica “sin códigos” del accionar mafioso, son algunos de los elementos que nos introducen dentro de un clima denso y difícil de digerir. Las escenas de asesinatos son duras pero necesarias: Bellocchio busca construir un filme que poco indaga acerca de lo “políticamente correcto” y desarma las aristas de la violencia social en todas sus formas y de las consecuencias inherentes de la famosa “vendetta italiana”.

Buscetta tiene la oportunidad de huir hacia Río de Janeiro, dado que su tercera esposa era oriunda de Brasil. Está acostumbrado una vida de lujos y comodidades, como así de disfrutar de los beneplácitos de su posición de poder. Pero la contracara de la existencia ampulosa de este líder, reside en su conflicto identitario y el precio a pagar por detentar tales privilegios: hombre orgulloso y familiero, que goza de infinidad de bienes materiales pero que asimismo teme por su propia vida y la de los suyos al desatarse la guerra en su Palermo natal; donde el yugo del poder de sus enemigos cae sobre las figuras de sus hijos mayores, quienes son cruelmente asesinados por su entorno de confianza.

Allí es donde comienza a entablarse un quiebre al interior de nuestro protagonista, situación que encuentra su punto más álgido hacia el final de la película, momento en que otro de los arrepentidos rememora la crueldad e injusticia a las que sus herederos fueron sometidos. Tomasso no quiere traicionar sus orígenes, no se considera un arrepentido porque siente que los traicionados fueron él y su familia.

En más de una oportunidad manifiesta que “la Cosa Nostra ya no es lo que era, se alejó de sus verdaderos orígenes e idiosincrasia”, dado que las ambiciones desmedidas de poder convirtieron a Palermo en una matanza, donde no se respetan los códigos mínimos de convivencia pautados. Él, en cierta manera, puede asociarse con la figura de un hombre roto, redimido y asimismo redentor. Gracias a la lógica del Juez Falcone, empieza a comprender que  todo lo “sacro” acerca del mito de la mafia cae sobre su propio peso.

Estamos frente a una obra inmensa, donde los 145 minutos de metraje no hacen mella al argumento y no resultan tediosos o insoportables. El ritmo de la misma es dinámico y hasta en cierta manera (valga la coincidencia) persecutorio. La infinidad de imágenes donde circulan personajes pertenecientes a distintos bandos o posiciones, remiten hacia una lectura obligatoria sobre aquello que estamos mirando. Todo individuo puede tener algo que aportar a la historia, Bellocchio intenta acercarnos como espectadores de vidas ordinarias hacia el funcionamiento orgánico de todo un corpus mafioso.  La doble moral y la hipocresía religiosa ayudan a ilustrar parte de la profundidad de este entramado.

Totò Riina (Nicola Calì)- jefe de los Corleonesi- es un buen ejemplo para citar de lo anterior. Aquel hombre que vive atrincherado en su mansión, rodeado de imágenes religiosas y que no ha logrado disfrutar de la mayoría de los placeres terrenales a diferencia de Buscetta, se concibe como la clásica imagen de un villano corroído y extasiado de poder, cuya vendetta personal pareciera ser el único impulso de relativo goce al interior de esa escueta y perversa existencia (véase el caso Falcone).

Bellochio consigue acercarnos una película muy bien lograda, no sólo desde lo argumental sino también desde su selección de casting. La representación de Buscetta por parte de Favino es algo meritorio de múltiples premiaciones y alabanzas. Su estoicismo para mostrarse como líder innato que asimismo ve vulnerada su aparente seguridad, honor y orgullo son algo digno de ver. Ese arco narrativo que va mutando al interior del personaje lo eleva a un lugar de privilegio como una de las mejores actuaciones del año.

El hombre, el mafioso, el padre de familia, el narcisista, todos cohabitan en un delicado equilibrio perpetrado con maestría desde lo actoral como asimismo desde la dirección,  ¿y por qué destacar esto último? Precisamente porque el objetivo de Bellocchio no es crear una atmósfera rodeada de cierta moralina hollywoodense donde “el mal siempre paga”, sino que más bien estamos frente al retrato de un hombre quebrado desde sus cimientos, cuya lógica vital aparentemente inamovible, resulta interpelada por la tragedia del contexto y como consecuencia de sus decisiones; siendo obligado a re pensar su accionar y posterior legado para lo que queda de él y de su propia sangre.

“Il Traditore” seguirá dando de qué hablar y estamos seguros que pasará a la historia con la dignidad que se merece.

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