Rut conoció a uno de los directores más importantes de México cuando trabajaba en el departamento de pintura escénica de la película El laberinto del fauno.  

Cuántas películas hemos disfrutado y amado al punto de desear con todas las fuerzas que fueran reales. Sin embargo, lamentamos decirles que cuando se apagan las cámaras nada es real. Todo se trata de una excelente puesta en escena que lleva horas, días y hasta años de trabajo. Y es ahí  donde entra el aporte de Rut a la hermosa magia del cine. “El papel de un pintor escénico, es convertir elementos fabricados en objetos reales. Es decir, si una mesa tiene que ser de madera, piedra o metal, el pintor escénico se encarga de convertir la pieza, que normalmente está hecha de resina o plástico, en un objeto real y creíble”, explica.

Su primer experiencia en la industria del cine fue en España en el mundo fantástico de El laberinto del fauno creado por Guillermo del Toro. Allí tuvo la oportunidad de conocer al director a quien define como un hombre muy cercano, que quería que todos lo trataran con familiaridad, “una persona llena de ideas y con una mente prodigiosa”.

Y aunque Rut es española, hace varios años que vive en Londres, siendo parte de las producciones cinematográficas más importantes del mundo. Precisamente allí fue donde trabajó por primera vez en un film blanco y negro de stop motion, nada más, ni nada menos que de Tim Burton.

“Realmente fue un sueño cumplido como fan del stop motion y además del cine de Tim Burton. Hasta entonces, yo devoraba los libros de making off de películas como Nightmare before christmas o The corpse bride,  anhelaba formar parte de algo tan mágico algún día, pero pensaba que se quedaría en un sueño”, cuenta Rut que participó del equipo de trabajo de la película Frankenweenie, la cuarta de este tipo de animación en la filmografía de Burton. Una remake de un corto propio que el director realizó en  homenaje a la historia de Mary Shelley sobre Frankenstein. 

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Como fan de la animación cuadro por cuadro, Rut nos contó lo que significa ser parte de una producción de este tipo, que consiste en aparentar el movimiento de elementos estáticos a través una sucesión de imágenes. “Las pelis de stop motion son proyectos muy largos y afortunadamente todos los departamentos trabajan simultáneamente. Una vez que ya hay cosas diseñadas, se empiezan a construir maquetas y puppets (marionetas) y se rueda con lo que se va terminando”, explica. Pero ahí no termina todo, simultáneamente se sigue diseñando y construyendo para las siguientes grabaciones. Esta mecánica puede llevar unos tres años o más, según cuenta Rut, “ un animador rodando una semana entera puede llegar a sacar unos pocos segundos de metraje solamente. Es una locura, otro mundo”

Años después y gracias a esta experiencia, le llegó la posibilidad de trabajar con el director más detallista y obsesivo del cine: Wes Anderson. En Isla de Perros, Rut fue parte del equipo que pintó a los muñecos que vemos en la peli. “La cantidad de puppets que tuve que pintar en Isla de Perros es incalculable. Muchos elementos son sets de bocas y caras con diferentes expresiones para cada personaje. En total, éramos cuatro pintores y  pintamos unas 3.000 marionetas”, cuenta Rut.

Y como no podía ser de otra manera, tuvimos que preguntarle cómo era trabajar con Wes Anderson, alguien tan detallista y  amante de tener todo milimétricamente pensado para que luzca estético y armonioso. “Sin duda es un director diferente y el mismo calificativo se puede aplicar a la experiencia de trabajar para él, es diferente a todo lo que había vivido y conocido hasta entonces”, dice al mismo tiempo que afirma que es muy meticuloso y que necesita estar en cada detalle y decisión que se toma en sus películas. “Cada decisión dependía de que a él le gustara, mi jefe se comunicaba directamente con él vía email cada día. Siempre me imaginé a Wes Anderson trabajando desde su casa en pijama y enganchado al ordenador respondiendo emails todo el día. Quizás no fuera así, pero a mí me gustaba imaginarlo de esta manera”, nos dice riéndose. 

Y de la asimetría y estética de Anderson, pasamos a los sables láser y naves de la Resistencia, porque Rut también trabajó en Star Wars: el despertar de la fuerza, Rogue One: una historia de Star Wars, Star Wars: Los últimos Jedi y Star Wars: episodio IX. 

Allí formó parte del equipo de pintura de props, hand props and weapons, es decir, que pintó sables láser, consolas, naves espaciales, armamento rebelde y del imperio y cualquier cosa que manejaran los actores principales, secundarios y extras.

“Fue inmensamente divertido porque aunque, como te digo, solemos trabajar sobre diseños establecidos, al llevar tanto tiempo trabajando con el mismo equipo, al final te dejan bastante libertad para crear y dejar tu huella en lo que pintas. Después de cuatro películas, siento esos pequeños objetos como si fueran mis hijitos”, cuenta entre carcajadas.

Nos subimos a la escoba mágica y volamos hacia el mundo de Harry Potter, un lugar donde los objetos de estilo anticuado están a la orden del día. Este año Rut trabajó en una ampliación de los estudios Warner, ubicados a las afueras de Londres, donde se encuentra el set de filmación de la saga. Allí se puede visitar y apreciar cada rincón y elemento que vemos en las películas. Es una experiencia única. “Los estudios de Harry Potter son increíbles. Estuve trabajando allí en una nueva ampliación, representando el banco de los Gringotts. Tuvimos que envejecer miles de elementos cromados, imitar tinteros, papeles, libros viejos y además pinté una máquina de hacer monedas. Me lo pasé muy bien sobre todo porque volví a trabajar con el equipo de Animales Fantásticos 2 en la que también tuve la fortuna de trabajar, un equipo genial en el que me siento muy a gusto”, afirma.

Para un cinéfilo, ¿cuál sería el trabajo ideal? Probablemente, el de Rut. “Es muy emocionante por la expectativa de formar parte de algo que va a entretener a millones de personas en el mundo. Siempre intento recordar que hay mucha gente que mataría por tener el trabajo que yo tengo. Soy inmensamente afortunada”. P

Hasta el momento ¿cuál fue el trabajo más desafiante?

Cada proyecto nuevo es un desafío por diferentes razones. Frankenweenie fue muy importante porque al ser mi primera película en inglés, me creaba mucha inseguridad. Y Star Wars también supuso un desafío porque era la primera vez que lideraba un equipo en un proyecto tan importante. 

¿Cuál es tu pieza favorita de todas las que has pintado en este tiempo?

Disfruté mucho pintando el interior de la cabina del Halcón Milenario que tenía que ser exacta a la que se construyó en 1978 pero que pareciera 30 años más vieja. Fue un desafío y un placer. Quizás sea mi favorita porque J.J. Abrams la elogió delante de todo el equipo como ejemplo a seguir para el resto de la nave.

¿Cuál fue la pieza más grande que pintaste?

Hay un microscopio gigante que sale en el despacho de Dumbledore al fondo en Animales Fantásticos: los crímenes de Grindelwald del que me siento especialmente orgullosa.

¿El mejor director con el que has trabajo?

Guillermo del Toro siempre será mi director favorito por su mágica manera de contar historias, por su valentía en varias películas de su filmografía y porque creo que es alguien que realmente se toma la molestia por  ayudar a gente o causas en las que cree. Son cosas que no hace todo el mundo, especialmente los que son ricos y famosos.

¿Algún director con el que te gustaría trabajar? ¿Por qué?

Me habría gustado mucho formar parte del equipo de El Señor de los Anillos, así que por tanto me gustaría trabajar para Peter Jackson. También me gustaría mucho estar en alguna película de Alfonso Cuarón y David Lynch por las tramas que cuentan y cómo se ayudan de la ambientación para contarlas. Lo mismo que con Ridley Scott y James Cameron. Y sin duda me gustaría trabajar para mujeres directoras que hay muy pocas y parece que aún es una industria reservada para los hombres. Afortunadamente creo que eso está cambiando poco a poco.

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