Este jueves se estrena la co-producción argentino-española Yo, mi mujer y mi mujer muerta. Los protagonistas del film nos cuentan cómo fue que se realizó esta historia que invita a reflexionar sobre las estructuras de la vida y cuánto conocemos a los que nos rodean

Ya viendo el tráiler, y pensando en las últimas participaciones en el cine de Oscar Martínez, resulta llamativo verlo en una película de este estilo. Con la premisa de despedir los restos de su esposa, Bernardo emprende un viaje a Marbella para desparrarmar sus cenizas -el último deseo de ella- y allí descubre que al parecer, era menos estructurada de lo que aparentaba.

En el camino, conoce a Abel (Carlos Areces), el propietario de una inmobiliaria en crisis, y a Amalia (Ingrid García-Jonsson), una relacionista pública con quienes emprenderá este viaje de descubrimientos y reflexiones. Entre esos descubrimientos, uno de los más extraños tiene que ver con que su mujer difunta frecuentaba un club nudista cada vez que visitaba a su hermana en España.

“La primera toma que hicimos fue con Carlos, en la recepción del hotel, y no los veíamos de atrás. Cuando nos dimos vuelta nos empezamos a reír”, contó Martínez quien destacó que pasaron un gran momento. Otra de las actrices que la pasó muy bien fue Malena Solda quien encarna a la hija de Bernardo y llegó al film “por recomendación de Óscar” con quien ella quería actuar.

Si bien a Malena no le tocó ninguna escena de desnudos, al que sí le pasó fue al protagonista. Si bien Oscar aceptó el papel porque le había encantado el guión, tenía ciertos temores en relación con sus escenas en cuero, pero el actor contó que “hablé con Santi Amodeo (el director) y me tranquilizó”. En este contexto, uno de los mayores obstáculos fue el frío: “la famosa ola polar”, aseguró Martínez haciendo referencia a los fríos extremos que se vivieron a principios del 2018 en el hemisferio norte.

“Hubo tomas que tuvimos que volver a realizar porque se escapaba el vaho en la boca y nos delataba”, aseguró el protagonista, destacando que se suponía que estaban en un lugar cálido, y ellos debían actuar en camisa, arremangados. Ni hablar para los nudistas, que a veces tenían que rodar “con temperaturas de 20 grados bajo cero o más”. Por supuesto, en estos casos la aventura era filmar rápido e ir corriendo al interior del lugar en el que estuvieran para ponerse mantas y sentarse junto al fuego. Algo parecido, aunque con menos intesidad, le pasó a Malena: “Tuve que rodar con traje de veranito y hacían 3°, pero no pasé lo mismo que Oscar”.

Uno de los vínculos llamativos de la cinta pasa por la relación entre el padre y la hija. “Mi personaje es un hombre estructurado, antiguo”, señaló Martínez, haciendo alusión a una persona definida por el patriarcado: su mujer se muere y no solo no tiene la noción de cómo organizar las tareas de la casa, sino que tampoco sabe de qué manera hacer las tareas más básicas como la limpieza e incluso osa pedirle ayuda a su hija para que le de una mano una vez por semana. “Conversamos sobre el vínculo con Oscar y Santi y pudimos ponernos de acuerdo sobre la visión sobre esa relación”, sostuvo Solda.

“Santi es muy seguro, sabe lo que quiere, tiene autoridad pero no es una persona autoritaria, deja que todos aporten, escucha y toma lo que le parece que puede ayudar a contar la historia”, aseveró Malena. En este sentido, es claro el aporte de Oscar Martínez: “Hizo que virara de comedia negra a comedia dramática”, aseguró el actor destacando el sentimiento que le puso a su personaje.

Si algo no le falta a esta co-producción con aires de comedia es un momento festivo entre tres extraños que se vuelven cercanos por las circunstancias de la vida. En una de las escenas festivas, de fondo se escucha sonar “La felicidad”, cantada por Palito Ortega, que se transforma en una jornada de karaoke para los protagonistas.

“Carlos (Areces) es muy fanático de la música de los 60, cuando le dije que era amigo de Ramón (Palito Ortega), se volvió loco”, recordó Oscar Martínez. Así, comenzó a gestarse esa escena en un barco, para la que tuvieron que realizar varias tomas, una de las cuales fue musicalizada con “La felicidad” gracias al pedido de Areces. Sin embargo, las trabas legales parecían interponerse: había un canon muy alto que pagar para tener los derechos de la canción.

“En realidad, era un problema de España, la organización que regula eso se queda con el 30%, por eso habían puesto un precio muy alto. Hablé con Ramón y dijo que sí enseguida”, dijo Martínez destacando la amistad y el orgullo que siente Palito de tener una película protagonizada por un amigo, en donde esté su música. Bastó un correo electrónico y algunos dólares para terminar adquiriendo esos derechos y poniéndole el moño a una divertida escena de Yo, mi mujer y mi mujer muerta, que este jueves llega a las salas del país.

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