Una producción sobre asesinatos adolescentes sacudió al set; el impacto fue tan brutal que A24 pagó parte de su terapia psicológica.
La reciente docuserie de cuatro capítulos regresa a uno de los casos más atroces e irresueltos de Texas: los asesinatos de cuatro adolescentes en una tienda de yogur en Austin en diciembre de 1991. El proyecto de A24, producido por Emma Stone y distribuido por HBO Max, indaga en un crimen que aún no tiene culpables identificados y fue titulado: The Yogurt Shop Murders.
Margaret Brown, la directora del documental, reveló que no estaba preparada para enfrentarse a la violencia de las imágenes y los testimonios. “No estaba realmente preparada para la violación y el asesinato sin resolver de adolescentes”, admitió, al rememorar las horas que pasó con fotografías y relatos familiares.
Durante más de tres años, Brown llevó adelante una investigación exhaustiva: entrevistó a los familiares de las víctimas, conversó con la periodista Erin Moriarty (quien cubrió el caso en sus primeras fases) y se inspiró en el trabajo previo del documentalista Claire Huie, quien ya había intentado retratarlo. El trabajo fue tan intenso que el equipo editorial solicitó evitar las imágenes más perturbadoras, para no quebrar emocionalmente a los involucrados.

La intensidad del material fue tal que A24 decidió intervenir con apoyo real y concreto: pagó parte de la terapia para quienes participaron en la realización del documental. Este gesto demuestra hasta qué punto la crudeza del caso atravesó hasta a los profesionales que lo cubrieron.
El caso real
La serie reconstruye con rigor el hallazgo de los cuerpos: las víctimas —Amy Ayers (13), Eliza Thomas (17), Jennifer Harbison (17) y Sarah Harbison (15)— fueron violadas, vestidas únicamente con ropa interior, amordazadas y ejecutadas con un disparo en la nuca; luego, el agresor incendió la tienda tratando de borrar pistas.
Emma Stone aseguró que su participación va más allá de una firma famosa: busca generar conciencia, no sensacionalismo. Mientras tanto, Brown destacó el impacto interno de filmar algo tan oscuro, y el apoyo psicológico financiado por la productora marca una frontera inédita en el cine documental: reconocer que el horror se traslada también al equipo detrás de cámara.




































