Fantasía pura y dura es la nueva gran apuesta de Netflix, basada en las novelas de Andrzej Sapkowski y la exitosa serie de videojuegos, llega una ficción cruda y oscura que no va a decepcionar a los fans del género.

Es fácil suponer que lo que busca Netflix con The Witcher es llenar el espacio que HBO dejó con la polémica finalización de Game Of Thrones, una serie que a pesar de marcar un hito en la historia de la televisión, llegó a su conclusión con más pena que gloria. Suponer esto sería obviar elementos importantes del género de la alta fantasía, porque The Witcher no es GOT. Los elementos fantásticos, mágicos, sobrenaturales de la serie basada en los libros de R.R Martin son un aliciente a una trama basada principalmente en la política y la guerra, mientras que en The Witcher, los elementos fantásticos son el núcleo de la trama. Quien busque aquí un sucesor de GOT va a encontrarse con algo muy diferente, en cambio, quien quiera una historia de fantasía medieval clásica, con elfos, magos, monstruos y dragones, con un tono muy oscuro y elementos originales invaluables, sea bienvenido al mundo de Geralt de Rivia, mutante cazador de monstruos, brujo de profesión y héroe por destino.

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Con una serie que mantiene una estructura temporal separada por personajes, The Witcher nos cuenta la historia de Geralt de Rivia, un “Brujo” (Witcher en el idioma original) nacido humano, mutado por una antigua orden pronta a desaparecer que le otorga habilidades sobrehumanas, la capacidad de ingerir pócimas para potenciar sus habilidades que podrían matar a un ser humano y un limitado poder mágico muy por encima de cualquier mortal. Su destino está ligado a los de los dos otros protagonistas de la historia: La princesa Cirilla de Cintra, heredera a un trono en plena huida de un ejército enemigo que ha matado a todos sus seres queridos y conquistado su tierra y Yennefer de Vengerberg, una campesina deforme que a través de la magia comienza a perseguir un futuro lleno de ambición y poder. Estas tres historias se irán entremezclando a medida que avanza la serie, en medio de profecías y la amenaza del reino de Nilfgaard, una nación conflictuada que parece haber encontrado un líder capaz de unirla para conquistar todo el continente.

 El uso del tiempo es interesante, contando historias en el pasado, presente y futuro e intercambiando todo el tiempo climas, regiones y situaciones políticas distintas, pero concentrándose básicamente en los elementos más fantásticos de la serie. Lejos de avergonzarse de sus orígenes como suele pasar en muchas adaptaciones, The Witcher llena sus capítulos de monstruos, maldiciones, pociones, dragones y un montón de convenciones del género, que a través de un tamiz oscuro y brutal donde la violencia y la tragedia están a la orden del día, genera su propia ambientación y un mundo, que a lo largo de sus ocho capítulos, se vuelve cada vez más sustancioso y enriquecedor.

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 El concepto de la magia que maneja la serie es más que atractivo. Aquí, la magia es la forma en que los elfos y más tarde los humanos, aprendieron a controlar el caos y una vez que lo liberan, los resultados son devastadores. Hay pocas ficciones televisivas o cinematográficas que se animen a mostrar el poder destructivo de la magia que hay en la alta fantasía: Los cuerpos se consumen al no poder controlar tanto poder, lluvias de fuego brotan de las manos de los que aprenden a canalizarlo, se detiene el tiempo, se manipula el mundo, se destruye a los enemigos de las formas más variadas. La magia en The Witcher se presenta de forma tan imaginaria, tan abrumadora y tan visible como pocas veces se ha visto, una representación más cercana a los videojuegos que a otros formatos de la pantalla. cuyos resultados son más que satisfactorios. Las escenas de acción y las batallas, si bien no son de un desarrollo épico, logra capturar el flujo de la fantasía, en la forma que se mueve Geralt, que siempre da la sensación de ser más que un ser humano.

 Si hay algo que criticarle a The Witcher es cierto descenso de calidad en algunos capítulos, donde los efectos parecen bajar estrepitosamente, para subir como una montaña rusa en el capítulo siguiente y a veces, la diferencia se nota dentro del marco de un mismo capítulo. Pero no es tan decepcionante como puede parecer. Sin embargo es curioso, al menos, como en un capítulo se presenta un monstruo con una calidad de cine actual y el CGI al que estamos acostumbrados en las producciones de alto nivel y por otro lado, tenemos una horda de monstruos que parecen sacados de una producción de Ray Harryhausen (con todo el respeto que uno debe tenerle).

Hay también un ritmo lento que puede apesadumbrar al espectador durante los dos primeros capítulos, pero que ya en el tercero, comienza a ganar ritmo y no para hasta el desenlace, que como es tradicional en nuestros tiempos, deja la puerta abierta para más, y la sensación de que por ahora, solo se ha raspado la superficie de un mundo que tiene muchísimo para dar durante varias temporadas.

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 Henry Cavill, cuya actuación como Superman ha dejado sin convencer a más de uno, encarna a un Geralt de Rivia bastante en el tono de los videojuegos que han masificado las novelas de Andrzej Sapkowski. Es un héroe de acción, no una batería de soliloquios, pero plantea bien el misterio de los brujos, la sabiduría y la búsqueda de justicia, a veces al margen de la ley y que tiene esta cosa de outsider que tienen estos seres, mutados de la humanidad, marginados y aún así, requeridos contra las cosas aberrantes que surgen de la oscuridad. Jaskier (Dandelion) interpretado por Joey Batey, es un bardo que acompaña a Geralt en varias de sus aventuras y funciona como comic relief y constante generador de problemas para el héroe, a quien también se le debe una de las mejores canciones de la serie. Las mujeres de la serie son otro de sus grandes logros. Desde la historia llena de dolor y ambición de Yennefer, cuyo rol corresponde a Anya Chalotra y que va y viene en su arquetipo de anti heroína, a la carismática y brutal Leonesa de Cintra, la reina Calanthe, la actriz Jodhi May. Cirilla, la princesa en fuga, cuyo destino está ligado al de Geralt, y a quien le da vida Freya Allan, promete mucho para el futuro de la saga, como también es el caso de Eamon Farren, a quien ya pudimos ver en la tercer temporada de Twin Peaks, en el papel de Cahir, el principal antagonista de la serie. 

 Las novelas de Sapkowski cobran vida en una muy buena serie de Netflix que augura un gran futuro en próximas entregas. A pesar de algunos fallos, uno logra meterse de lleno en el mundo que construye en muy pocos capítulos y se encariña rápidamente con los personajes, aún en la brutalidad y la oscuridad del mundo en el que viven, porque aún con sus tonos negros, es muy fácil distinguir héroes de villanos en una obra que no trata de repetir los tópicos exitosos de Game Of Thrones, sino que busca su propio camino, con su propio estilo, sin avergonzarse de sus raíces fantásticas y con una estructura en la trama muy interesante. Fantasía madura, sombría y excesivamente entretenida.

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