Se estrenó “Doctor Sueño”, secuela de la mítica película “El Resplandor” (1980) y se abre el debate respecto a si estamos frente a la presencia de una película necesaria

Casi cuarenta años pasaron del estreno de El Resplandor (1980), una de las películas más destacadas dentro de la historia del cine y de la filmografía de Stanley Kubrick en particular. Basada en un libro homónimo de Stephen King publicado en 1977, el largometraje fue denostado por el mismo dado las grandes licencias argumentales establecidas por el director en su adaptación cinematográfica.

Sin embargo, las disidencias manifestadas entre cineasta y escritor, no parecieran haber afectado la buena recepción del público y de la crítica en general, dado que al día de hoy, cuenta con la vigencia impoluta de todo clásico y se instaura como filme de culto indiscutible y necesario dentro del género de terror.

En el año 2013 aparece la secuela de la popular novela titulada “Doctor Sueño” y era cuestión de tiempo para que su adaptación cinematográfica pudiera concretarse como un hecho formal. El encargado de titánica tarea fue nada más y nada menos que Mike Flanagan, conocido por ser el realizador de “La maldición de Hill House” uno de los tanques de Netflix elogiado por el mismísimo King.

Al adentrarnos en la sinopsis contamos nuevamente con la presencia de Danny Torrance (ahora encarnado por Ewan McGregor) en su versión adulta, quien a través de ciertos flashbacks o recortes temporales podemos observar que los demonios de su pasado continúan atemorizando su traumática infancia post Overlook, pero que gracias a la ayuda de Dick Hallorann (interpretado originalmente por Scatman Crothers y ahora por Carl Lumbly) logra encerrarlos en su mente y tener una vida medianamente pacífica.

Pero el resplandor de Danny, aquel poder psíquico que lo conecta con la vida más allá de la muerte y que lo hermana en cierta medida con aquellos que también son portadores de esta condición, hace que el alma atormentada de nuestro protagonista cause estragos en su adultez, conduciéndolo a un espiral de alcoholismo y violencia.

Con intención de mejorar su calidad de vida y dejar atrás su pasado, arriba a pequeño poblado de New Hampshire, lugar que le permite cierta redención personal y social a través de la estabilidad laboral y el abandono definitivo de los vicios terrenales.

Pero aquello que Danny desconoce tiene que ver con el peligro inminente que acecha a todos los portadores de “el resplandor”: se trata de un grupo de semi-mortales llamado True Knot, liderados por Rose “the hat” (Rebecca Ferguson) que se alimentan de la esencia psíquica de estos niños especiales a través de la tortura y el asesinato, acción que les concede el beneplácito de la prolongación de la vida “eterna”.

En paralelo a la historia de Danny y la secta de True Knot, el argumento se trifurca al introducir el personaje de una niña llamada Abra Stone (Kyliegh Curran) quien cuenta con poderes psíquicos mayores a los de nuestro protagonista, propiedad que la transforma en víctima potencial de Rose y sus vampíricos aliados.

La menor establece una relación estrecha con Danny gracias a su conexión extrasensorial, motivo que asimismo la conduce a visualizar la tortura y posterior asesinato de un niño portador del resplandor. En contraposición a Danny, Abra presenta un carácter más activo y empático, tiene un marcado sentido de la justicia y busca imperiosamente erradicar el accionar perverso de la secta True Knot.

Mientras tanto Danny es apodado “Doctor Sueño” al realizar trabajos de enfermería vinculados a pacientes terminales que son asistidos por él mismo durante el traspaso inaplazable hacia el más allá. Vislumbramos que parte de la madurez de Danny reside en su capacidad no sólo de sortear los demonios de su pasado, sino también en capitalizar sus saberes inherentes en pos de la ayuda hacia los demás.

Las referencias y homenajes hacia la película primigenia resultan alevosos y poco acertados. La caracterización de un Jack Torrance ya convertido en fantasma prisionero del Overlook es burda  e innecesaria. Lo más convincente de este proceso puede resultar el puntilloso sentido estético con que fue concebido y cuidado. La parte estructural del Hotel Overlook está intacta, sus famosos pasillos con alfombras coloridas, los empapelados, la cocina, el laberinto, todo parece pausado en el tiempo y heredero de la tradición de Kubrick al recrear el interior y exterior de este espacio condenado.

Los fantasmas son similares, pero no causan el estupor de la primera parte. Todo parece inmerso en una especie de pastiche ficcional que usa y abusa de recursos propios de la película original, cuya sombra se prolonga alrededor de los 151 minutos de metraje que no alcanzan para salvar la veracidad de la película, como tampoco ponderarla como heredera meritoria de la obra de Kubrick.

Estamos frente a una secuela innecesaria, el homenaje resulta muy poco meritorio y nada logra “resplandecer” al interior de la película. Ni siquiera las actuaciones de sus personajes pueden predominar como algo relevante. La figura del talentoso Ewan McGregor está desaprovechada en un producto repudiable que carece de alma y fortaleza argumental. Ninguna de las partes logran cohesionar orgánicamente en función de una pieza fílmica memorable.

Ya dijimos con anterioridad que lo único en cierto punto rescatable puede ser la reconstrucción del famoso Overlook- aquel hotel maldito que se erige como protagonista absoluto de El Resplandor- fuente de poder y perdición de sus habitantes, pero ni siquiera este aspecto resulta maniobra suficiente para justificar una trama vacía de contenido y dinamismo.

El destino de Doctor Sueño parece bastante claro: sin pena ni gloria pasará a la historia como secuela innecesaria de un clásico seguro, cuya poderosa sombra no hace más que acentuar las diferencias abismales entre ambas y la coloca como parte de una proeza fílmica pobre de corazón.

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Amante del cine desde temprana edad, todo resultó ser amor a primera vista a partir de Cinema Paradiso. Licenciada en Relaciones Públicas y dejando inconclusa una licenciatura en Historia de las Artes Visuales, sigo reafirmando con el paso del tiempo que mi gran pasión continúa siendo el séptimo arte. Mi gratitud hacia los momentos maravillosos que me regalaron infinidad de películas, fue el puntapié inicial para rendirles homenaje a través de la escritura.