El director de fotografía de películas célebres tales como “Mi pobre Angelito” o “Ace Ventura” , oriundo de Rosario y radicado en Estados Unidos, charló con Cinéfilos acerca de su último proyecto “El pasado que nos une” que llega a las salas este 10 de octubre.

Con voz cálida y expectante del otro lado del teléfono, Julio Macat enuncia un saludo efusivo y nostálgico al iniciar la conversación con una compatriota: “Qué lindo escuchar un acento fresquito de allá, sabes que lo extraño, hace tanto tiempo que no voy, más de diez años, extraño los sándwiches de miga, extraño a la gente. Qué lindo también que una periodista que sea mujer me haga esta entrevista porque es una  mis películas favoritas en mis 30 y pico de años de carrera”.

Así inicia la charla con este cinematógrafo nacido en Argentina y radicado en Estados Unidos desde temprana edad, ya que emigró junto a su familia en 1970 cuando contaba con tan solo trece años. Macat tuvo sus inicios como operador de cámara bajo la guía del cineasta ruso Andrei Konchalovsky en el largometraje Tango & Cash (1989), donde asimismo la primera gran oportunidad que le presentó el destino y su profesión fue transformarse en director de fotografía en la comedia -ya devenida en clásico“ Mi pobre angelito”(1990).

Desde ese momento su carrera se vio condicionada por un género en particular: la comedia. Por este motivo hoy en día, a sus 62 años, cuenta con el beneplácito de decidir hacia dónde quiere girar su foco de interés y optó por hacerse cargo de la dirección de fotografía de la película “El pasado que nos une”, que tiene previsto su estreno en Argentina el 10 de octubre.

El hecho de poder volcar sus intereses y conocimientos hacia un género poco transitado en su haber profesional, para Macat implicó no sólo un reto sino asimismo una experiencia placentera dada la estrecha relación que mantiene con el director Bart Freunlich y su mujer Julianne Moore (una de las protagonistas de dicho filme):

“El director de esta peli es amigo mío hace muchos años y yo estaba con ganas de hacer un drama, ya cansado de hacer comedia hace tanto tiempo. Justo Bart me habló, me dijo ‘tengo una película para nosotros’ y me explicó que adaptó el guion de Susanne Bier. Inmediatamente lo leí y me encantó y puse todos mis recursos para poder llevarla a cabo. Julianne-su mujer-quiso interpretarla y hubo una vuelta de re significación de la misma al establecer los protagónicos en dos mujeres a diferencia de la cinta original”.

Cabe aclarar que “El Pasado que nos une” es una remake de una película danesa “After the wedding” (2006) dirigida por Susanne Bier y co-escrita por ella misma junto con Anders Thomas Jensen. No es un dato menor o irrelevante que contó con amplia repercusión internacional, a tal punto de ser nominada a los premios de la Academia como Mejor Película Extranjera, siéndole arrebatada la ansiada estatuilla por el filme alemán “La vida de los otros”(2006).

¿Cómo intentaste diferenciarte de la manera de filmar de la cinta original? ¿Qué recursos utilizaste para lograr este proceso?

Yo decidí darle otro giro estético, otra forma de filmar. Lo más importante radicaba en la fuerza argumental y el trabajo de las protagonistas. A diferencia de la película danesa decidimos ir hacia el otro lado y encontrar la manera de resaltar las actuaciones y no generar una sensación claustrofóbica frente a lo espacial. Por eso se hicieron tomas con planos amplios, utilicé una cámara Alexa 65 con el objetivo de destacar los primeros planos de las protagonistas, como asimismo abrir el ángulo del encuadre y mostrar el vasto espectro de las locaciones. Buenos ejemplos de ello son la primera escena en la India o cuando Michelle sale al balcón en el hotel de Nueva York. Me pareció que salió un buen encuadre y que se entendió parte de la idea.

Las imágenes construyen sentido, ¿cómo se logra la transmisión de ciertos mensajes y la creación de determinados ambientes?

Un ejemplo de ello sería retomar el ejemplo anterior, cuando el personaje de Michelle está hablando por teléfono en el hotel y de repente se aproxima una tormenta. En esta película es muy importante entender que hay señales que vienen de todas partes. Esas nubes anticipan el impedimento de volver  a la India y el cambio inminente que se asoma en su vida. También es importante y necesario destacar que estamos hablando de una película chica, contábamos con poco presupuesto y tuve que saber administrar los recursos disponibles en pos de facilitar y concretar los sentidos anhelados. Otro caso concreto sería el de la oficina de Therese, el personaje de Julianne Moore. El lugar estaba ubicado en un octavo piso y no se podía filmar afuera, tuve entonces que saber aprovechar la luz en distintos momentos del día. Acá la prioridad igualmente siempre estuvo puesta en los actores. El director y yo estuvimos muy de acuerdo en todo, las actuaciones de los actores siempre son lo más importante, como me inculcó mi mujer que es actriz (hace más de 25 años que comparte su vida con Elizabeth Perkins) al sostener que  “un camarógrafo puede ser bueno pero sin los actores estás filmando una palette”.

Es cierto que hoy en día se construyen películas con muy bajos presupuestos y uno de los aspectos más relevantes reside en la calidad del contenido, en cuáles y cómo son las historias que se quieren narrar. Asumo que implica cierto esfuerzo capitalizar esos pocos recursos disponibles para crear los contextos más idóneos.

Sabés que yo soy argentino y nosotros estamos acostumbrados a intentar elevar un poco más todo aquello que está disponible, estamos acostumbrados a cierto sentido de supervivencia que colabora a la hora de sobreponernos a lo pautado y saber capitalizar todos los recursos al máximo.

Ese tironeo con tu origen puede observarse en los pequeños gestos que dan cuenta de lo deliberada que resulta esa imagen puesta en acción, ¿verdad?

Siento una necesidad de poner algunos guiños en mis películas que hagan referencia a la Argentina, en el caso de esta última fue en una escena con Michelle Williams al interior de un restaurante indio donde aparece una bandera argentina y en otras películas tales como Mi Pobre Angelito, donde logro una toma de la estatua de San Martín. En El pasado que nos une, uno de sus personajes al principio nombra al pasar Buenos Aires, eso fue algo que conversé con Bart para incorporar dentro del diálogo y él estuvo de acuerdo.


¿Sentís que en tu profesión existen ciertos encasillamientos?

Ahora estoy en este camino o búsqueda de hacer más drama y por suerte mis colegas me tienen en cuenta para este tipo de proyectos y reconocen mi trabajo. Uno al realizar tantas comedias lo que genera es que no te tomen tan en serio, las tomas son otras, quizás hasta se conciben de cierta manera más clásica. Por eso estoy interesado en inspeccionar en otros ámbitos, otras búsquedas que impliquen nuevos desafíos.

Bueno pero eso sucede en todos los espacios, en el caso de lo actoral también suceden este tipo de encasillamientos

Sí, es verdad. Inclusive Hollywood es un lugar seguro, no le gusta jugar con la pregunta digamos, quieren tomar a alguien que ya lo hizo una vez y apuntan a “jugar al partido seguro”.

¿Cómo definirías el rol del director de fotografía?

Nosotros somos los psicólogos de una película, intentamos sacar al exterior a través de las imágenes, de la fotografía, lo que sucede al interior de ese mundo, al interior de los universos personales de los personajes. 

Cómo transformar un argumento en una imagen, qué es lo que se utiliza, cuál es la luz que se decide utilizar, las imágenes comunican y es importante que lo que sucede pueda ser comunicado y el público también tener la capacidad de interpretarlo y pueda socavar parte del mensaje.

Es algo muy difícil y muy fácil al mismo tiempo, te digo por qué: yo he trabajado con quince directores que han hecho su primera película, lo mismo en el caso de actores. Muchas veces los directores vienen con muchas ideas, muchos cortes, y yo trato de decirles “muy bien lo podemos hacer, pero hagámoslo de esta manera”. Hay veces que se busca mostrar a alguien entrando en un lugar y otras veces –lo que es más complejo- es intentar mostrar lo que piensan los personajes. Por eso se utiliza este recurso del one shot, donde la cámara se siente cómoda y se puede reflejar gran parte del contenido buscado.

¿Cómo colaboró el hecho de conocer a Bart Freundlich?

Lo bueno de mi relación con Bart es que hay mucha confianza, no se necesitan demasiadas palabras para entendernos. Mi mujer y Julianne también se conocen desde hace años, arrancaron sus carreras juntas. Todos tenemos una relación de cercanía y eso también es algo importante a la hora de concretar un proyecto. Él y yo trabajamos anteriormente en una película llamada Atrápenlos (2004), así que existía un conocimiento previo acerca de nuestras metodologías de trabajo.

¿Te gustaría entablar un proyecto en Argentina?

Me gustaría hacer una película en argentina, trabajar con Campanella o con otro cineasta de allá. El tema es que estamos tan apartados que algunas veces parece algo difícil de concretar. Pero ahora cuento con más tiempo y voluntad de dedicarme a hacer lo que verdaderamente me gusta. Estoy en un momento de mi carrera que apunto a hacer cosas diferentes, no descarto la posibilidad de filmar en Argentina.

“El pasado que nos une” llega hoy a los cines y acá te dejamos su trailer.

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