“Queríamos cambiar el mundo, pero el mundo nos cambió a nosotros”
Curt Wild, Velvet Goldmine

 

Con Ziggy Stardust and the Spiders fron Mars, considerado uno de los mejores discos de Rock Inglés de la historia, David Robert Jones, mejor conocido como David Bowie nos sorprendía en el año 1972 con un álbum vanguardista, retorcido, teatral y experimental. El Glam Rock había alcanzado su cima, y con Ziggy Stardust como alter weextraterrestre de Bowie generaba una revolución sexual proclamándose bisexual de perfil andrógino que, con osadía atemporal decidió subvertir los valores del rock que eran símbolo de masculinidad (The Rolling Stones muchachos malos, The Beatles muchachos buenos, etc.), trascendiendo ese ámbito e influenciando al conjunto de la sociedad; se hace necesario para comprender la magnitud de lo planteado en aquélla rebeldía de antaño saber que recién hoy en día se discute el término “queers” para remitir a la oposición en cuanto a los encasillamientos de género y así lograr alcanzar una auténtica emancipación sexual, sin discriminación por géneros.

A su vez el delirio propio de ensueño que producía en sus outsiders admiradores, hacía necesario que todo este movimiento mereciera una revisión a través del celuloide.

Será en el año 1998 que el nombre de una canción de David Bowie le dará título a una película basada muy libremente en los primeros años de carrera del Delgado Duque Blanco, dirigida por Todd Haynes y especialmente enfocada en la profunda transformación que le impregnó a su particular creativa  entre las décadas de los ´70  y ´80, narrada en base a la investigación del periodista británico Arthur Stuart (Christian Bale) en el año 1984, ex seguidor del cantante que se propone averiguar el paradero del músico Brain Slade presuntamente asesinado en uno de sus conciertos, pero que al no tener permiso en cuanto a los derechos de autor y falta de aprobación del propio David el film Velvet Goldmine no hizo uso de nombres, ni de la música original del Hombre de las Estrellas, aunque la alusión a Bowie e Iggy Pop es más que elocuente.

Intentaremos hacer una lectura del film desde dos planos distintos, y no nos vamos a detener en realizar una sinopsis en detalle ya que la película es vieja y conocida; por un lado interpretaremos de algún modo “lo literal”, “lo que se ve”, “lo explícito” y por otro lado “lo que no se ve”, “lo implícito” especialmente “lo simbólico”.

Creemos que en cuanto a lo explicito el film está bien plasmado estéticamente en lo relativo a lo audiovisual, con música de diversos autores de rock alternativo (como Brian Eno, Roxy Music, T-Rex, Lou Reed, Pulp, etc entre muchas reversiones que no tienen desperdicio), y personajes llenos de purpurina como el glam rock demandaría, con Brian Slade  y su alter ego Maxwell Demon (el Ziggy Stardust de la película, con algo de Jobriath y Marc Bolan) interpretado por Jonathan Rhys Meyers, o Curt Wild (el Iggy Pop con algo de Lou Reed) en manos de Ewan McGregor. Pero como versión libre que relata “la historia” de Bowie, es muy superficial, repleta de escenas homosexuales y hombres con el torso desnudo, besándose y masturbándose entre ellos que en palabras de uno de los guitarristas de Bowie, Reeves Gabriel según nos cuenta el libro “David Bowie: Una Extraña Fascinación”  de David Buckley “parece más una película porno gay que algo que tenga que ver con David”, y continúa Gabriel diciendo “que ni siquiera se dieron cuenta que la expresión Velvet Goldmine hace alusión a la vagina”. Y con ello decimos todo en cuanto a lo que se ve, puede ser entretenida y con escenas audiovisuales muy bien logradas en algunos casos, con vestuarios extravagantes lleno de colores, muy sobrecargado por momentos, pero nada tiene que ver con Bowie toda esa historia de rockeritos homosexuales, y fanáticos que se masturban mirando imágenes del Slade-Demon-Ziggy todo aterciopelado. Película Porno Gay, así definiremos lo que podremos ver explícitamente en el film en cuanto a su literalidad, y en este aspecto vemos “una caída” de la producción que podría haber tratado con mayor respeto al camaleónico artista, suficiente para que no la recomendemos en este sentido si queremos apreciar algo más fiel a la historia del Glam Rock, y los orígenes Proto-Punk de este género musical.

Pero entendemos que el film narra también algo más simbólico que se encuentra implícito, y que se desarrolla en la investigación que hace el periodista sobre el presunto homicidio de Brian Slade en medio de un recital en que personifica a Maxwell Demon y el vínculo que encuentra con un oxigenado cantante contemporáneo llamado Tommy Stone (Alastair Cumming), que resulta ser muy parecido al propio Slade. Y acá encontramos dos apreciaciones, por un lado la gran y decadente transformación artística que nos brindó David Bowie en el pasaje de la década de los ’70 a la de los ’80. De representar un cantante under, de vanguardia experimental, repleto de arte e intelectualidad que desafiaba la moral establecida en la Londres de los ’70, que ponía nervioso a los “padres de familia” y escandalizaba a los “políticamente correctos”, al mismo tiempo que con exquisita impronta entusiasmaba a la juventud guiándola hacia la búsqueda de rebeldías contra la opresión del sistema; nos encontramos en los principios de los ’80 con un Bowie azucarado, ahora sí “políticamente correcto”, religioso confeso, y por supuesto heterosexual, produciendo discos para un público masivo (Let’s Dance, Tonight, Never Let My Down, etc.), dispuesto a sacrificar su arte a cambio de música invariablemente vulgar “llena estadios” que a su vez le atiborrara las cuentas bancarias con muchísimo dinero. Y por otro lado entendemos que ese descenso creativo representa la mismísima muerte del Glam Rock en la historia de la música del Rock y Pop, por lo que así interpretado se comprende el disparo que recibe Brain Slade en el escenario, no se mata al excéntrico cantante, se mata a un género musical y a una postura artística. Creemos que ello es la parte más abstracta del film, expresando de modo metatextual una metáfora cargada de simbolismo que a nuestro parecer está muy bien planteado y con significancia acertada, con lo cual notamos “un ascenso” de la película en su trama conceptual, y hace que en este aspecto recomendemos la película a aquellos lectores de Cinefilos que les interese la temática para que den su parecer al respecto.

 

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