Su cruce de piernas en Instinto Básico ha quedado marcado a fuego como uno de los momentos más míticos del cine de los 90. El director Paul Verhoeven recuperaba un estilo de personaje del cine negro clásico: la femme fatale manipuladora y atractiva, con tendencias maquiavélicas.  Pero aquella rubia actriz con uno de los coeficientes intelectuales más altos de Hollywood era mucho más que eso. De hecho, pocos saben que entró en la Universidad de Edinboro a estudiar con tan sólo 15 años, dos años antes de lo que le correspondía. Una auténtica superdotada, que además habla italiano.

Sharon Stone cumple hoy 61 años y lo hace aún como una de las más bellas y elegantes mujeres del establishment hollywoodiense. Mucho se lo tuvo que trabajar para entrar en el mundo del espectáculo. En 1980, con apenas 22 años, ya audicionó para un papel en Toro Salvaje, pero Scorsese no pensó que aún estaba al nivel para agarrar el personaje de Cathy Moriarty. Sin embargo, 15 años después el director neoyorquino no se lo pensó dos veces a la hora de contratarla para Casino.

Sus inicios se enmarcan en telefilms y en películas de acción para lucimiento de sus protagonistas masculinos como sucedió en Nico, donde interpretaba el rol de la esposa de ni más ni menos que Steven Seagal. Poco a poco fue llamando la atención de la industria hasta que el zorro de Verhoeven olió el talento y la puso al lado de Arnold Schwarzenegger en Total Recall. Aunque el papel no era protagonista, fue suficiente para que el director holandés le diese un par de años más tarde el inolvidable rol de Catherine Tramell con el que iniciábamos el artículo. Un cruce de piernas y un par de saltos de cama junto a Michael Douglas le bastaron para hacer historia, convertirse en estrella y enamorar a medio mundo.

Aunque su posterior carrera ha estado muy marcada por ese papel, no es menos cierto que la rubia actriz nacida en Pennsylvania aún se ha dejado ver en productos interesante aunque fallidos como Esfera. Pero su facilidad para desnudarse y su categoría de sex symbol le ha llevado a ser tremendamente infravalorada y a pasear su cuerpo provisto de ropa en mediocridades como El Especialista (donde tenía una ridícula escena de sexo que pretendía ser erótica bajo la ducha con Sylvester Stallone); Sliver, donde volvía loco a William Baldwin; o la insustancial secuela de Instinto Básico, posiblemente una de las peores películas estrenadas en salas comerciales en lo que llevamos de siglo XXI.

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