Con Hamnet, Chloé Zhao convierte la pérdida más íntima en una experiencia sensorial y profundamente humana, sostenida por actuaciones extraordinarias de Jessie Buckley y Paul Mescal.
Hamnet no se acerca a Shakespeare desde el mito ni desde la biografía ilustrada. Chloé Zhao elige otro camino: el del silencio, la ausencia y la herida. La película toma como punto de partida la muerte del hijo del dramaturgo para construir una elegía sobre el duelo, el amor y la imposibilidad de nombrar lo irreparable.
Ambientada en la Inglaterra rural del siglo XVI, la película nunca se siente prisionera de la época. Zhao filma la tierra, el viento y los cuerpos con una sensibilidad casi táctil, como si el paisaje absorbiera el dolor de sus personajes. Antes incluso de que la tragedia ocurra, Hamnet ya está atravesada por una sensación de pérdida latente.
Jessie Buckley ofrece una interpretación conmovedora como Agnes, una mujer profundamente conectada con la naturaleza y con lo invisible. La actriz que se apoderó del Critics Choice y del Golden Globe; y competirá por el Oscar, es tratada como la “bruja del bosque” debido a sus conocimientos del mismo y de la flora que hábita en él. Su dolor no se expresa de forma explosiva, sino contenida, persistente. Cada gesto, cada mirada, parece cargar un peso que no encuentra alivio. Es una actuación silenciosa y devastadora, que sostiene buena parte del film.

Paul Mescal compone un Will, casi nunca llamado Will Shakespeare, lejano a cualquier idea de genio consagrado. Su personaje es introspectivo, muchas veces ausente, incapaz de acompañar emocionalmente a su familia cuando más lo necesitan. Zhao no lo juzga ni lo idealiza: lo muestra humano, limitado, torpe frente al dolor. La creación artística aparece, entonces, no como redención, sino como una respuesta incompleta a una pérdida imposible de procesar.
La estructura narrativa es fragmentaria, construida a partir de recuerdos, repeticiones y escenas que se espejan entre sí. El tiempo se desarma, se superpone, se detiene. Como el duelo. No es una película que busque ser cómoda ni explicativa, y esa decisión puede resultar desafiante, pero también es una de sus mayores virtudes.
Visualmente, Hamnet es de una belleza austera. Cada encuadre parece pensado para decir lo que los personajes no pueden verbalizar. La muerte está siempre presente, pero también la persistencia de la vida, incluso en sus formas más frágiles. Las escenas presentes en la familia, ya sea de manera violentas o amorosas, marcan el significado que la directora buscó dentro del film.




La cinta se estrenará a partir del 5 de febrero, y vale la pena pasar las dos horas y cinco minutos de duración en la sala de cine. Eso sí, si acudís, no olvides de llevar tus pañuelitos/carilinas.











































