Hay interpretaciones que marcan un año entero. Y todo indica que ésta película tiene una de ellas.
La película en cuestión sigue la historia sigue a John, un joven con un futuro prometedor cuya vida cambia por completo cuando, en el colegio, comienzan a aparecer tics involuntarios y explosiones verbales que nadie logra comprender. A partir de ese momento, enfrenta bullying, incomprensión social e incluso el desconcierto de su propia familia, en una época en la que el mundo prácticamente desconocía el síndrome de Tourette que estaba padeciendo.
Se trata de I Swear, película está basada en la historia real de John Davison y propone un viaje emocional que pasa por todos los estados: momentos de humor, angustia y reflexión constante. Pero más allá de la condición, la película pone el foco en algo mucho más profundo: la falta de empatía de la sociedad. Es, en esencia, un relato sobre resiliencia, dignidad y la lucha por ser comprendido.
La gran sorpresa llega con la actuación de Robert Aramayo, que entrega una interpretación tan intensa como conmovedora. Su trabajo fue reconocido con el premio a Mejor Actor en los Premios BAFTA, consolidándolo como uno de los nombres del año.
Sin embargo, muchos se preguntaron por qué no estuvo nominado en los Premios Oscar. La respuesta es más técnica que artística: para competir, una película debe haberse estrenado en cines de Estados Unidos dentro del período de elegibilidad, algo que I Swear todavía no cumplió.
Esa ausencia dejó el camino un poco más despejado para Michael B. Jordan, quien finalmente se llevó el Oscar a Mejor Actor el pasado domingo.
I Swear es una de esas películas que llegan sin tanto ruido, pero que después se quedan con vos. ¿La vieron, cinéfilos?











































