El intérprete estadounidense Tom Noonan falleció a los 74 años. Figura clave del cine de los 80 y 90, dejó huella en clásicos como Manhunter, RoboCop 2, El último gran héroe y Heat.
El actor estadounidense Tom Noonan murió el 14 de febrero de 2026 a los 74 años, según confirmaron medios internacionales. Hasta el momento no se informó oficialmente la causa del fallecimiento. Dueño de una presencia física imponente y una intensidad interpretativa poco común, Noonan construyó una carrera sólida encarnando personajes inquietantes, ambiguos y profundamente humanos.
Nacido el 12 de abril de 1951 en Connecticut, inició su recorrido artístico en el teatro neoyorquino antes de dar el salto al cine en los años 80. Su formación escénica marcó su estilo: actuaciones contenidas, miradas cargadas de tensión y una voz grave que potenciaba el dramatismo. Esa combinación lo convirtió rápidamente en una opción recurrente para roles complejos, muchas veces vinculados al lado más oscuro de la condición humana.
Uno de sus trabajos más recordados fue el del asesino Francis Dollarhyde en Manhunter, dirigida por Michael Mann. Allí compuso un villano perturbador y vulnerable al mismo tiempo, alejándose del estereotipo plano y construyendo un personaje que todavía es referencia dentro del thriller psicológico. Años más tarde volvería a trabajar con Mann en Heat, donde interpretó al experto informático Kelso.

El cine comercial también lo tuvo como figura destacada. En RoboCop 2 se puso en la piel de Cain, el despiadado líder criminal que termina convertido en una de las versiones más siniestras del universo futurista de Detroit. También participó en El último gran héroe, donde volvió a demostrar su habilidad para moverse entre el thriller y la acción con una identidad propia.
Más allá de su faceta como actor, Noonan fue dramaturgo, guionista y director. Con la película independiente What Happened Was…, basada en su obra teatral, obtuvo reconocimiento en el circuito de festivales, consolidando su prestigio también detrás de cámara. Su legado queda asociado a una galería de villanos memorables, pero sobre todo a la capacidad de dotar de profundidad a cada personaje, incluso en los relatos más comerciales.


































