Los años nuevos es la serie española que cautivó a la audiencia con su historia de amor. Se la relaciona con Normal People o la trilogía Before pero encontramos una que es muy necesaria de ver.
Lu mirada íntima de Los Años nuevos sobre el paso del tiempo, los vínculos y las decisiones que marcan una vida dejó a muchos espectadores con esa sensación difícil de explicar: la de haber vivido algo más que una ficción. Y si te quedaste con ganas de seguir explorando ese universo emocional y tenso, hay otra parada obligatoria en la filmografía de Rodrigo Sorogoyen.
Se llama Stockholm, y aunque su escala es más contenida, su impacto es igual —o incluso más incómodo— que el de sus trabajos posteriores.
Dos historias, un mismo pulso
Los Años Nuevos construye su fuerza desde la observación: el paso del tiempo, los silencios, las expectativas y los pequeños gestos que terminan definiendo a sus personajes. Sorogoyen trabaja con una sensibilidad quirúrgica, dejando que las emociones respiren y que el espectador complete los espacios vacíos. El resultado es una experiencia profundamente humana, donde cada escena parece esconder algo que todavía no se dijo.

Stockholm, en cambio, lleva esa tensión a un terreno más directo. La serie —que nació como un proyecto minimalista convertido en fenómeno— sigue el encuentro entre dos desconocidos durante una noche que parece trivial… hasta que deja de serlo. Lo que comienza como una dinámica de seducción cotidiana se transforma en un juego psicológico cargado de ambigüedad, incomodidad y preguntas morales. Sorogoyen ya mostraba ahí su interés por los límites emocionales, el poder en las relaciones y la fragilidad de las percepciones.
El sello Sorogoyen: intimidad y tensión
Aunque las propuestas son distintas en tono y escala, ambas comparten el sello que convirtió al director en una de las voces más interesantes del audiovisual contemporáneo: realismo crudo, tensión emocional sostenida y personajes que nunca son del todo transparentes.
En Los Años Nuevos, ese estilo se traduce en una exploración del tiempo y la memoria. En Stockholm, en una radiografía incómoda de la interacción humana. Pero en las dos, Sorogoyen demuestra que el verdadero suspenso no siempre viene de la acción, sino de lo que los personajes callan… o creen entender.
Por qué tenés que verla
Si Los Años Nuevos te atrapó por su honestidad emocional y su capacidad de incomodar sin levantar la voz, Stockholm funciona como una especie de origen creativo: más cruda, más directa y con un suspenso que se construye en cada mirada.
Es una experiencia breve pero intensa, ideal para quienes disfrutan del cine y las series que no subestiman al espectador y dejan resonando sus preguntas mucho después del final.
Porque cuando Sorogoyen filma relaciones humanas, siempre hay algo más en juego y nunca es lo que parece.



































