Se estrenó El Hijo, la nueva película de Sebastián Schnidel (El Patrón) quien vuelve apostar por la adaptación de la literatura al cine. Esta vez con un cuento de Guillermo Martinez llamado “Una madre protectora”. Sobre esta elección y mucho más, hablamos en la siguiente entrevista.

¿De qué va?

Protagonizada por Joaquín Furriel, El Hijo cuenta la historia de Lorenzo (Furriel), un pintor de unos 50 años que espera un hijo con su nueva mujer, Sigrid (Heidi Toini). Durante el embarazo, ella empieza a tener un comportamiento obsesivo, que tensa la relación entre ambos. La situación se complica aún más con el nacimiento del bebé y el vínculo entre ellos se llena de oscuridad y peligros.

¿Por qué decidiste adaptar este cuento?

Las cosas suceden por casualidad, uno no planifica mucho. Se dio la conjunción de que estábamos buscando proyectos con los productores para hacer juntos, habíamos visto otra novela que era interesante pero era bastante difícil para adaptar y me encontré con esta. Me la devoré y me encantó. Aparte ya hace varios años venía trabajando el trabajo de la maternidad, había escrito dos guiones que eran miradas totalmente opuestas pero giraban al rededor del mismo tema. Cuando leí “El Hijo” me perturbó muchísimo y se me mezcló con todo lo otro que había hecho, y al mismo tiempo me entero de que a Guillermo le había gustado mucho El Patrón y le gustaba la idea de que yo haga esta adaptación. Entonces como que nos elegimos mutuamente.

¿Cómo manejaste la adaptación de la literatura al cine? 

Yo tengo mis métodos para adaptar. Por ejemplo hay tres personajes que yo los convierto en uno solo (el de Julieta que interpreta Martina Gusmán), porque está el narrador, la abogada y la mujer del amigo. En todas las obras de Guillermo siempre hay un narrador que mira desde afuera el conflicto y creo que justamente acá era muy importante eso y lo quise transmitir en Julieta. Ella es la que abre ,en algún punto, y cierra la película con el epílogo, que es un poco el punto de vista del espectador porque ella le quiere creer a Lorenzo pero le cuesta. También por otro lado yo rompe completamente la temporalidad y siempre busco la forma de generar la mayor tensión posible y enganchar potentemente al espectador. Yo digo que al espectador lo tengo que agarrar de la nariz y tirar para adelante los 90 minutos de película. El conflicto principal se plantea en la mitad y antes de eso me dedico plenamente a presentar a los personajes pero también hago que el conflicto sea gradual. También lo que quise hacer acá es una especie de guiño en el primer tercio de la película para que el espectador piense que va a ir para un lado (un triangulo amoroso) y después va para otro completamente diferente.

Vos hablas del conflicto que se plantea a la mitad de la película con una escena muy particular que es la del  parto. ¿Cómo fue dirigirla? 

Primero construí el audio que escuchamos ósea la mujer pariendo y la otra ayudándola, los grabé con las dos actrices y fue tremendo. Me acuerdo que Joaquín estaba preocupado actoralmente por hacer esa escena, la trabajó con un coach extranjero además de conmigo. El tema es que por haber grabado el audio antes no podíamos ponerlo de fondo entonces lo que él hacía era ponerse lo auriculares para escucharlo, se los sacaba y actuaba la escena. Imaginate lo perturbador que es ponerte a escuchar eso durante tres minutos y se cruzaban un montón de sentimientos. Una de las cosas que se cuestionaban en el armado de la escena fue “¿tiro la puerta abajo o no la tiro?” y no, no la tiras abajo porque tu mujer está pariendo y no podes hacer eso, entonces es una situación de violencia e impotencia al mismo tiempo. Es algo muy siniestro porque a ver, un parto es algo que planificas durante meses y que de la nada te dejen afuera y te cierren la puerta en la cara es una angustia tremenda. Igual lo más perverso para mi es la escena que viene después. Cuando abren la puerta y las dos señoras hacen como que no pasó nada, está todo bien para ellas.

Un personaje muy interesante es el de la partera, que irrumpe en la casa y es una especie de invasora. ¿Cómo fue la construcción de ese personaje?

Es que es una presencia inquietante y lo peor es no hace nada si te fijas. Todo el mundo que vio la película odia al personaje de Regina, les da bronca pero en realidad no hace nada ella, está ahí parada. Claro, se te mete un extraño en tu casa y hay algo de “Casa tomada” de Cortazar que no entendes muy bien por qué pero tomaron tu casa. La casa también funciona como un personaje, va cambiando a medida que avanza la historia, los muebles, las paredes, todo. Él va siendo expulsado de los diferentes lugares de esa casa. Y hay algo muy interesante y es que a medida que la película se va volviendo cada vez más oscura, la casa y la ropa de las dos mujeres se van aclarando porque para ellas está todo bien.

El tema de la maternidad también se trata en el  personaje de Martina (las dificultades de tener hijos) al  igual que en el de Ingrid. ¿Qué podes decir de ese  paralelismo?  

El tema de las dificultades de la maternidad es uno muy presente porque la sociedad ha cambiado y ahora se prioriza mucho más la realización personal y ya por ahí muchas mujeres deciden emprender el proyecto familiar una vez que estén llenas como mujer. Lo que pasa es que las mujeres, a diferencia de los hombres, tienen el reto de la edad y las probabilidades de quedar embarazada van disminuyendo. Entonces acá pongo estos dos casos muy actuales de dos mujeres, ambas con ansias de ser madre, con dificultades y cómo lo trata cada una.

Decidiste cambiar el final del libro. ¿Por qué?

Bueno el final del libro es mucho más inquietante, pero yo quería darle una vuelta de alguna forma más gratificante para el personaje de Julieta. Tampoco quería caer en la sobre explicación que tanto detesto así que lo dejé así.

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