Incertidumbre. Desconcierto. Locura. Ambigüedad. Palabras sueltas que juntas pueden llegar a describir una de las mejores películas de terror jamas creadas: “El Resplandor” o “The Shining”, de Stanley Kubrick.

Desde su primera escena, la película ya se nos presenta como una dualidad de exposición e incertidumbre proveniente del guión, diciéndonos de forma directa todo lo que le sucederá a la familia Torrance. En la entrevista con el encargado del Hotel Overlook, él mismo le advierte a Jack Torrance (Jack Nicholson) que el anterior cuidador del establecimiento se vio envuelto en una demencia que lo hizo matar a su mujer y a sus dos hijas, a lo cual Jack muestra una respuesta de indiferencia, creyendo imposible esa posibilidad. Acá nosotros estamos seguros de que este será el resultado de la estadía de la familia, pero lo que no sabemos es el cómo, y es esa intriga la que nos causará terror, ansiedad y hasta pánico a lo largo del film.

En las siguientes escenas de la familia podemos ver como Wendy Torrance (Shelley Duvall), madre y esposa, le cuenta a la pediatra de Danny (Danny Lloyd), su hijo, que una noche hace años, Jack llegó a su casa borracho y en consecuencia de ello lastimó al niño en el brazo. Acá ya sabemos de lo que es capaz nuestro protagonista, entendemos que es un hombre violento con tendencia al alcoholismo y temperamento fuerte. Sumando este dato importante a la historia contada tan solo unas escenas atrás, no nos cabe ninguna duda acerca del final del película.

Otro factor que se hace conocer en la primera parte del film es el sobrenatural. Una de las primeras escenas de Danny ya nos muestra un episodio esquizofrénico frente al espejo que nos mantiene alerta, al igual que la existencia de su amigo “imaginario”, Tony. Kubrick podría haber elegido mostrar nada más estos episodios sobrenaturales y no brindarnos ninguna explicación al respecto, como acostumbran muchos directores y guionistas, pero en cambio eligió el camino de la explicación de una manera muy ingeniosa. Presentándonos una escena específicamente dirigida a la descripción del aspecto sobrenatural de la historia, vemos al cocinero del hotel teniendo una conversación con Danny acerca del llamado “resplandor” (shining en ingles). Ambos lo poseen, al igual que el Hotel Overlook, y una atrapante explicación nos termina llenando más de incertidumbre que de satisfacción.

Todo esto se da por la utilización del recurso temporal en la película, desde su división en capítulos hasta los momentos elegidos para contar y mostrar ciertas cosas, nada es coincidencia. La elección de desenvolver el futuro de los Torrance al principio del film se conecta directamente con el poder de la imaginación del ser humano, ya que nos da más miedo lo que se encuentra en nuestra cabeza que lo que vemos con nuestros propios ojos y Kubrick no duda en jugar con eso. 

Nosotros somos conscientes de lo que vendrá pero no sabemos cuándo ni cómo se irá desenvolviendo. ¿Cómo un padre tan esperanzado puede caer en la locura misma? Esta pregunta nos acompañará durante toda la historia mientras vamos saltando de capítulo en capítulo. A medida que las placas negras van a apareciendo, marcando el paso del tiempo, nuestra mente se encierra más y más observando como lentamente la locura encarcela a Jack y el final llega de manera lenta pero brusca a la vez. Primero el tiempo se divide en meses y todo parece normal. Luego llegan las semanas y las primeras señales de la demencia aparecen. Los días y la nieve caen como la estabilidad mental de Jack. Finalmente son horas y ya lo único que nos queda es esperar lo inevitable. Nos vamos achicando poco a poco, a medida que la tensión escala en las placas negras y acompañamos a Jack Torrance en su locura que lentamente nos atrapa a nosotros también.

El gran personaje en esta historia no es tanto una persona sino una locación: el Hotel Overlook. Nos presentan esta estructura como una bella mansión en las montañas que se aleja completamente de la estereotípica casa de película de terror, sino que todo lo contrario. El hotel está muy bien iluminado, no tiene telarañas ni partes abandonadas, se encuentra en perfectas condiciones y hasta tiene un laberinto que nos llama constantemente. Todo esto alimenta al terror que no vemos, al que se encuentra en nuestra inmensa imaginación. Desde el primer momento se ubica al Hotel Overlook al mismo nivel que una persona, atribuyéndole la característica del resplandor, la cual también es poseída por Danny y el cocinero, dos individuos de carne y hueso. A medida que va pasando la historia, los pasillos del hotel nos enseñan los secretos que esconde el mismo, acompañados de unos planos secuencia que a veces terminan con dos gemelas terroríficas, vamos siendo parte de la estructura de esta inmensa mansión en las montañas nevadas.

Siguiendo a Danny por aquellos pasillos nos encontramos con la icónica habitación 237. Aquella que desde un primer momento se le advierte, no solo al niño sino que a la audiencia también, que no se debe entrar. Estamos alerta, sabemos que algo va a ocurrir allí adentro pero no sabemos qué es. Kubrick juega con nuestra imaginación una vez más y lo único que nos queda es perdernos en nuestras especulaciones más escalofriantes. Cuando finalmente conocemos la habitación, nos encontramos con una fachada luminosa y hasta se diría bella, que se aleja completamente del estereotipo oscuro y terrorífico. Danny entra pero no vemos que sucede. Nuestra imaginación vuelve a entrar en escena y lo único que se nos enseña son las consecuencias del evento sucedido: el niño siendo lastimado. No es hasta el momento que vemos a Jack entrar que nos enteramos que es lo que sucede en su interior. Allí no solo entramos en la psicología de la habitación y del hotel en sí, sino que nos adentramos en la cabeza de nuestro protagonista y no comprendemos si lo que está viendo es parte de su locura o si del aspecto sobrenatural de la locación.

Stanley Kubrick no era ajeno a los cambios que iba a realizar al adaptar la novela de Stephen King al cine, y sabía que algunas personas se iban a enojar al respecto (sobre todo el autor del libro). Sin embargo, el director entendió perfectamente lo que significa la diferencia entre hacer literatura y hacer cine. Dos artes extraordinarios que funcionan de distinta manera. Kubrick no transcribió el libro de King al pie de la letra, sino que creó una nueva obra de arte llena de vueltas y giros que solo se podía contar a través de una cámara y un hacha en una puerta.

“The Shining” es una película que nos encierra y nos obliga a meternos de lleno en la locura de nuestro protagonista, en el terror de una esposa y en la inocencia perdida de un niño. Dejá que pase el tiempo entre placas negras y hundite en la imaginación misma para que Stanley Kubrick juegue con ella porque al final del día, nuestros miedos más profundos son los que no vemos.

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