A Akira Kurosawa se le reconoce sobre todo como un gran director de cine, uno de los más talentosos del siglo XX, pero de él es posible decir también que aspiró a convertirse en un artista total o, dicho de otro modo, a hacer de sus películas obras de arte totales. Su labor como cineasta no puede ser entendida sin el amplio conocimiento que Kurosawa tuvo de otras disciplinas, marcadamente la literatura y la pintura, aunque no solamente. De su relación con la primera resultaron, explícitamente, dos películas: Hakuchi (1951) y Kumonosu-jō (Trono de sangre, 1957), basadas, respectivamente, en El idiota de Dostoievski y Macbeth de William Shakespeare.

Esas dos cintas, sin embargo, no fueron el único fruto del interés que Kurosawa tuvo por la literatura, y aunque parezca extraordinario, incluso ahora que han pasado casi 20 años de la muerte del genio, se producirá un filme en el que el japonés se propuso adaptar uno de los cuentos más emblemáticos de Edgar Allan Poe, “La máscara de la muerte roja”.

Según se anunció hace unos días, los estudios Huayi Brothers y CKF Pictures, ambos con sede en China, se encargarán de llevar a la pantalla un guión en el que Kurosawa trabajó desde 1975 y que estuvo a punto de filmarse en 1998, año en que el director sufrió un ataque que posteriormente lo condujo a la muerte. Curiosamente, este guión nunca tuvo buena fortuna para encontrar realización, por lo que Kurosawa también intentó filmarlo en Rusia, pero sin éxito.

De llevarse a cabo, la película podría ser un tanto sintomática de nuestra época, pues cabe recordar que en el cuento de Poe, la “muerte roja” es una plaga misteriosa que extermina a casi toda la población excepto por un millar de nobles que, refugiados en un castillo, comen, beben y disfrutan, sintiéndose a salvo de la peste. Una fábula terrible cuya moraleja podría ser ominosa para los tiempos en que vivimos –acaso el mejor momento para presentar la lectura que hizo Kurosawa de la narración.

 

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