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“Los muertos son los únicos que ven el final de la guerra”. (Platón)

Pregunta en una de las escenas de la película Setsuko a su hermano mayor. Éste se queda callado sin saber qué contestar. La cuestión planteada por la pequeña no tiene una fácil respuesta.¿Qué sentido tiene la guerra? ¿Cuántos conflictos ha solucionado? ¿Qué bien ha hecho a la humanidad?

Hotaru no haka, el que para muchos, entre los que me incluyo, constituye uno de los mayores logros de la cinematografía animada de todos los tiempos, es un drama antibélico creado por Isao Takahata en los míticos Estudios Ghibli que él mismo fundó junto a su amigo Hayao Miyazaki. Muchos de ustedes conocerán a este autor por ser el principal responsable de series de televisión como Heidi,Marco o Ana de las Tejas Verdes. El filme que nos ocupa, adapta una novela del escritor nipón Akiyuki Nosaka; y contiene algunos hechos autobiográficos referidos a la propia infancia del director.

La tumba de las luciérnagas denuncia el desamparo al que se ven abocados los más débiles, en este caso los niños, cuando se produce una conflagración. El realismo que Takahata insufla a su obra es desgarrador, no omitiendo pasajes que, por su crudeza, rara vez tienen cabida en una cinta de animación de este tipo (bombardeos, cuerpos carbonizados, muerte, destrucción…).

Pero lo que en verdad hace maravillosa a esta película, lo que provoca que el espectador no pueda olvidarla una vez vista, es su conmovedor y humanista retrato de una relación entre dos hermanos. Simplemente emocionante. Tan hermoso y triste como la propia vida. Imprescindible.

 

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